CAPITULO IV: EL GATO DEL TEJADO
Un día José Antonio ingresó a un bar para tomarse una
cerveza, y había mucha bulla. Estaban unos gitanos cantando con guitarras, unos
disfrutaban de la música, y otros los miraban mal y se iban. Los gitanos
seguían cantando canciones alegres, que llamaron la atención de varios que
estaban en la calle, y que decidieron entrar. Al parecer se quedó solo el
público que le gustaba la música gitana, y ya no se oían ni refunfuños, ni
insultos, y más bien, todo el mundo escuchaba y disfrutaba del ambiente, reían
y aplaudían. José Antonio sintió el cambio de la atmósfera de ese lugar, y
contagiado comenzó a aplaudir también. Le recordaba su niñez, y su nana
Carmiña, que le cantaba en las noches.
Se sorprendió mucho cuando pudo cantar una de las
canciones de aquellos gitanos, que al parecer quedaron en sus recuerdos de
niñez.
España rechazaba la cultura gitana, pero en otros
aspectos como en la música, los asimilaba y los aceptaba.
José Antonio comenzó a frecuentar aquel bar, al
principio a escuchar, pero luego comenzaba a tararear las canciones, y en
otras, ya comenzaba a cantarlas. La dinámica era muy parecida las noches de los
jueves. Llegaban los gitanos luego de las 8 de la noche, cuando la guardia de
la ciudad estaba más calmada, y comenzaban a tocar. Poco a poco los clientes
que no le gustaba la cultura gitana se iban, al tiempo de que iban llegando
personas a los que sí le gustaba.
El bar quedaba en uno de los barrios más pobres de
Cádiz, y manejaba muy bajo perfil. Los gitanos solo se presentaban los jueves,
durante una hora y media, tiempo en que se abría un espacio de tolerancia,
donde gitanos y gaditanos compartían la música, aplaudían y cantaban.
En una de esas noches, José Antonio le pidió a un
gitano que le enseñara a tocar la guitarra, que él le pagaría si el accedía a
instruirlo. El gitano que ya había visto a José Antonio varias veces, al
principio dudó y lo miró con extrañeza.
“¿Por qué un gitano debería enseñarle su arte a un
español?”
“supongo que para expandir su arte” respondió José
Antonio.
“No me convences” respondió el Gitano. ¿Qué tal un par
de ducados por enseñarme tres canciones? Aprendo rápido”
“Un par de ducados y una botella de vino. No creo que
aprendas, mi arte se lleva en la venas”
“Apostemos”
“¿Cuándo y dónde?”
“En el tejado de mi casa, los lunes a las 8 de la
noche”
“Hecho. Dame mi paga… cobro por adelantado”
“Un momento… ¿Cómo sé que vas a cumplir?”
El gitano sacó un cuchillo, se hizo una pequeña herida
en la palma y dio la mano a José Antonio y le dijo: “Apostemos” José Antonio le
dio las indicaciones para llegar a su casa y se despidieron.
El lunes a las 8 de la noche, José Antonio había
subido al tejado de su casa a esperar al gitano. Llegó una hora después, pero
llegó. Trajo consigo su guitarra, y José Antonio, había comprado una. Las
clases comenzaron, y terminaron. José Antonio aprendió tres canciones, en tres
días.
Por su parte, el tío, José Joaquín ya estaba
preocupado, le decía a Monolo: Por Dios Manolo, ¿en qué lío se estará metiendo
ahora este muchacho? Cuando está muy callado, es porque algo trama ese
bellaco.”
Ahora estoy escuchando como sonidos de guitarra por
las noches, y como que vienen del techo, y a veces como unos aullidos como de
gato. ¿Tú no los has escuchado?
No señor, en la planta baja y en nuestros dormitorios
no se escucha nada de eso.
¿Qué cosa más rara? Si mi sobrino no me ha vuelto
loco, diría que alguien está tocando guitarra, y canta como gitano.
Lo cierto es que José Antonio, aprendió a tocar la
guitarra y practicaba en el tejado, para no ser molestado. Igual, seguía
asistiendo al bar, donde cantaba con mayor propiedad las canciones y compartía
con su maestro de guitarra. Aún no se atrevía a tocar en público, pero
practicaba mucho en el tejado. A veces se emocionaba tanto, que cantaba y
tocaba muy alto, haciendo que su tío, quién dormía en esos horarios, se
despertara exaltado. José Joaquín no podía creer lo que estaba ocurriendo, que
en el tejado de su casa, se fuera un gitano a ponerle serenata con su guitarra.
Es obvio, que el tío no sabía que era su sobrino, quién practicaba en su tejado
con la guitarra, pues no tenía ni idea siquiera, de que José Antonio había
comprado una guitarra.
Al día siguiente, durante el desayuno….
José Joaquín: José Antonio, ¿escuchaste anoche? Hay un
maldito gitano, cantando en el tejado de esta casa. Menudo antisocial, de todas
las casas de Cádiz, se viene para la mía, a tocarme con su guitarra… Es que no
es justo José Antonio, yo que vengo cansado de la carpintería todos los días,
termino mi comida, me acuesto a dormir, y ya van tres noches que lo he pillado…
al principio pensé que era un gato por los aullidos, luego escuché la guitarra…
y anoche, en efecto, lo escuché clarísimo.
José Antonio: Pero tío, de qué te vas a quejar, si te
están poniendo serenata. Un buen admirador debe ser.
José Joaquín: Qué admirador… una hostia es que se va a
ganar… es un desadaptado de esos que persigue el Rey. Si se enterara la guardia
que un gitano canta en el tejado de mi casa, en menudo problema nos meteremos…
No entiendo por qué de todas las casas de Cádiz, por qué… por qué tiene que
venir a cantar en la mía… yo definitivamente nací en Sodoma y Gomorra. Hoy en
la noche, ya le dije a Manolo, que vamos a sorprender a ese antisocial, y le
vamos a asustar, para que no vuelva, como te dije nos va a meter en un
problema.
José Antonio, solo se burlaba de su tío y de los
sobresaltos que cogía por su culpa.
José Joaquín: Y tú de que te ríes, hoy en la noche te
unes a nosotros, los tres nos vamos a montar al tejado, a sorprender y a
asustar a ese bendito gitano.
José Antonio: Tío vas a perder tu tiempo y tu sueño,
ese gitano no va a aparecer.
José Joaquín: Ah ¿qué no?, como lo agarre lo voy a
poner a gritar y a que me cante la virgen de la macarena.
Esa noche…
Manolo, José Joaquín y José Antonio, terminaron de
comer, y se dispusieron a subir al techo para hacerle la casería al gitano.
Una hora, dos horas, tres horas, cuatro horas, y el
gitano nunca apareció... Apareció a las dos horas un gato, que fue espantado
por Manolo.
Tío ¿lo ves? No era un gitano, era un gato lo que
escuchaste.
José Antonio, los gatos no tocan la guitarra, ni
cantan como gitanos… Ese bellaco nos vio y no quiso presentarse.
Mi señor, deberíamos irnos a dormir, no tiene caso
seguir esperando al gitano, que ya debe estar durmiendo y nosotros aquí pasando
frío.
Tienes razón Manolo, hoy no fue el día… pero de seguro
volverá.
Pasaron dos días más, y José Joaquín con la misma
cantaleta… se subían al tejado a las 10 de la noche, a hacerle la cacería al
gitano, que no iba a aparecer, porque lo tenía al frente y no iba a revelar su
identidad a su tío.
En el desayudo, luego de tres días de vigilia…
Bueno, al parecer hemos espantado al gitano ese que no
me dejaba dormir, hoy si podemos descansar tranquilos.
Esa noche…
José Antonio subió al tejado y pudo practicar con su
guitarra, media hora. Su tío, estaba tan cansado que durmió tan profundo que no
sintió ni la guitarra, ni las canciones.
En el desayuno…
Vieron, no ha vuelto a aparecer ese bendito gitano, lo
hemos ahuyentado.
Pues claro tío, con tres hombres subidos en el tejado
esperándolo para darle una hostia, pues no creo que se atreva a volver.
Sí, yo se los dije… y es que tenía que ser así. No
solo yo lo estaba escuchando, ya un vecino me había dicho que estaba escuchando
una guitarra, y eso, es preocupante, la guardia es implacable con los gitanos,
y con las personas que los acojan, el Rey ha dado órdenes de perseguirlos,
porque cuando ellos están presentes, aumentan los robos y las estafas.
No todos son así tío.
Pues sobrino, cuando hay un gitano cerca es mejor
cuidar los bolsillos, antes de que algo se te desaparezca.
Sabes, ¿qué? Mañana es Jueves, te voy a invitar a un
sitio en la noche, no te comprometas con nadie. Manolo, tú también vienes con
nosotros.
José Antonio, en qué lío me vas a meter ahora, mírate
esa cara, que como te conozco, sé que va a ser una noche inolvidable. Manolo
prepárate que va a pasar algo muy parecido a lo que ocurrió en la Santísima
Trinidad.
Ya hombre, que no es nada malo.
Ya pasará un día, en que tu digas eso y no sea así.
En la noche…
José Antonio salió a practicar con su guitarra al
tejado, ya estaba tocando bien, y se tenía mucha más confianza, a pesar de que
tenía ya tres días que no practicaba.
Su tío, esta vez sí se despertó incrédulo, sintió la
guitarra. Duró tiempo para reaccionar, y lo único que se le ocurrió, fue abrir
la ventana, y gritar: ¡Vete de aquí gitano del demonio¡
José Antonio, al escuchar el grito, se cayó, y
decidió, pasarse al tejado de la casa vecina, para evitar ser descubierto y no
molestar más a su tío. Comenzó a practicar en un tono más despacio.
De pronto, escuchó una voz de una mujer, que le decía:
qué bonito tocas. Era la hija de un vecino, que rara vez había visto José
Antonio por la calle. Ella había salido de su habitación y había subido al
tejado, cuando escuchó la guitarra. Sintió curiosidad y encontró a José
Antonio.
¿Puedo sentarme a escuchar?
¿Si te gusta? Pues claro.
José Antonio le tocó una canción
Qué lindo tocas… tengo que irme o me descubrirán y me
regañarán.
Está bien, yo también me voy, también me regañaran.
Al regreso a su habitación…
El tío lo estaba esperando, y José Antonio ingresaba
por la ventana con la guitarra…
Ya sabía yo… menuda burla la tuya. Tres días José
Antonio, tres días, como un gilipollas esperando en el tejado a que apareciera
un gitano, para darle un susto, y resulta que no… era mi sobrino, que ahora
toca guitarra para levantarme todas las noches. Pero se puede saber ¿por qué me
has ocultado esto?
Tío, la verdad me parecía muy divertido tus
reacciones, pero no quería que supieras, ni que te preocuparas por mí. Me ha
gustado tocar guitarra y cantar, solo que me gusta hacerlo en secreto, porque
sé que la música gitana no es de recibo de muchos.
A ver, bellaco, fuera de que me quedé tres días en el
tejado esperando a un gitano, la verdad no veo nada malo en que te guste la
música. Aunque sí sería bueno que evitaras esa música de insurgente, pero
bueno, si es la que te gusta, pues ¿qué puedo hacer yo? Más bien, toca una
canción a ver si se me pasa este mal genio.
José Antonio agarró su guitarra y comenzó a tocar una
canción alegre, y su tío cuando terminó… bueno, ese ritmo es como contagioso, y
pensar que creí que era un gato en el tejado, jajjajaja
En la mañana en el desayuno…
Ayer escuchamos la guitarra… Que bien toca… le dijo
una empleada.
Manolo, también dijo, se escuchó en toda la casa.
Otra empleada, dijo, sí ya hemos comentado entre todas
que qué bonito toca. E incluso una hija del vecino, nos preguntó que si alguien
en esta casa tocaba la guitarra.
José Joaquín, apuntó: De modo que cuando yo escuchaba,
todo el mundo estaba sordo, y me trataban de loco, que eso era un gato, que qué
hacía yo cazando un gitano en el tejado…. Todos sabían, y todos escuchaban,
pero yo si tuve que pasar tres días en un tejado, para luego averiguar, que el
gitano lo tenía en mis narices, burlándose de mí.
Todos en la casa se rieron.
José Antonio solo pensaba en la hija del vecino…
Pronto les dijo, no se olviden que mañana Manolo y mi
tío, tienen un compromiso conmigo.
Así es. Respondieron los dos.
Esa noche…
José Antonio subió al tejado, pero no de su casa, sino
del vecino. Y comenzó a tocar una canción. Cuando de pronto, siente la voz de
la hija del vecino, que le dice
Hola¡ otra vez por aquí? ¿No puedes tocar en tu casa,
o vienes a visitarme?
Más bien, he venido a preguntar tu nombre…
Me llamo Priscila y tú?
José Antonio…
¿Y por qué no tocas en tu casa?
La música gitana no es muy apreciada, y no quería que
me descubrieran. Sabes que el Rey, no quiere mucho a los gitanos. Así que
decidí practicar en el tejado de mi casa, para que nadie me escuchara.
Pues, hace varias semanas que escuchaba una guitarra a
lo lejos, y a veces como unos gritos…
Bueno sí, lo siento, mi tío al principio creía que era
un gato en el tejado. Pero ahora he mejorado un poco, lo que ocurre es que hay
canciones gitanas que se cantan así.
Jajajaja, tocas bien.
Priscila…. (se escuchó un grito a lo lejos)
Me tengo que ir… gracias por venir a verme. Y se
despidió de Jose Antonio con un beso en la mejilla.
Priscila, hija, ¿dónde estabais?
Había un gato en el tejado papá.
En el desayuno…
¿Bueno, están listos para la sorpresa de esta noche?
José Antonio, la verdad es que no he podido dormir. No
sé si quiera estar en otro de esos alborotos en que tú me metes.
Vamos tío, que no es ningún alboroto, de vez en cuando
es bueno tomar un aire por la noche.
Bueno vamos a ver.
De pronto ingresó una criada, quién anunció que había
un soldado que quería hablar con el dueño de esta casa.
Hacedlo pasar, dijo José Joaquín
El guardia, saludó, se presentó y dijo:
Es usted el dueño de la casa.
Sí señor, ¿en qué puedo servirle?
Los vecinos han reportado que hay un gitano cantando
en las noches, ¿ha escuchado algo en las noches?
No, señor… la verdad no, ¿quién sabe qué será?
Se habla de un gitano que canta en los tejados por las
noches. En otros barrios de Cádiz, hemos encontrado a un gitano que enamoraba a
las criadas, cantándole músicas. Lo sorprendimos y lo capturamos, hoy está en
las mazmorras de la ciudad. Pero al parecer dejó varios discípulos, porque
hemos tenido reportes de otros barrios, donde se han escuchado música gitana,
pero esta vez, lo extraño es que se trata de un gitano que canta desde los
tejados, como el que tenemos en la mazmorra.
Qué barbaridad¡ Qué ocurrencia¡ Ahora tenemos un Don
Juan en los tejados, y yo que pensé que era un gato?
¿Ah, entonces lo ha escuchado?
¿El gato? Sí, señor, hace dos noches que lo
sorprendimos maullando, pero no había ningún gitano.
Mmmmm, bueno, en todo caso, si escucha algo o ve
alguna persona, por favor infórmenos, vuestra majestad el Rey, usted debe
saber, no tiene a buen agrado a los gitanos….
Una vez, salió el guarda. José Joaquín, llamó a José
Antonio, pero éste ya no se encontraba en la casa, había salido a trabajar en
la carpintería.
Menudo muchacho, ya está metido en un lío… Manolo¡
tenemos que avisarle lo más pronto posible. Tiene que escucharnos, ya no más
gatos en el tejado.
Cuando José Joaquín y Manolo, iban saliendo de la
casa, tomaron la calle para ir a la carpintería corriendo para avisarle a José
Antonio lo ocurrido con el guardia, lo llamó el señor Antonio Velásquez, el
vecino y padre de Priscila.
Señor José Joaquín Calderón¡
La madre que lo parió¡ susurró José Joaquín.
¿Qué dijo?
Nada,… Digo, buenos días señor Velásquez.
Hoy vino un guardia a verme, muy preocupado. Me dijo
que había un gitano merodeando el barrio. Dijo que había varios vecinos que le
habían dicho que se había escuchado un gitano cantando por los tejados de las
casas.
Sí, qué casualidad… A mí casa también llegó ese
guardia. Yo le dije que no había visto, ni escuchado nada, que lo que pasó el
otro día es que encontramos a un gato maullando en el tejado.
Si, qué coincidencia… mi hija ayer en la noche, me
dijo que había visto un gato en el tejado. Pero los gatos no tocan guitarra.
¿Ah, no uno vaya a saber?
¿Cómo?
No, digo que como va un gato a tocar una guitarra.
Pero en todo caso, yo no he visto, ni escuchado nada.
Bueno, tenemos que estar bien atentos, me dijo el
guardia, que habían gitanos por toda la ciudad seduciendo a las criadas.
Nooo, ¡qué peligro¡ Que la virgen de la Macarena nos
ampare.
Esperemos que capturen a ese gitano pronto, en todo
caso, estoy atento, usted sabe que también serví a la armada del reino, y
cualquier situación que se le presente, tengo un par de arcabuces en mi casa,
por si aparece ese gitano.
Pues claro que sí, y le agradezco su caballerosidad y
su gentileza, de seguro esto debe ser un error, y pronto se solucionará.
José Joaquín le estrechó la mano, y se despidió.
Manolo, hay que encontrar rápido a ese muchacho, como
me temo que ya está metido en problemas, y ese gato del tejado, de la hija de
Velásquez, seguro que es José Antonio. Qué facultad para meterse en problemas
de ese crio.
José Joaquín y Manolo llegaron al taller de
carpintería, pero José Antonio, no se encontraba. Había ido con unos
trabajadores al puerto, a supervisar unas reparaciones a tres barcos.
Salieron José Joaquín y Manolo al puerto, a buscar a
José Antonio. Al primer barco, llegaron, pero José Antonio ya se había ido.
Fueron al segundo Barco, y resulta, que en ese no había llegado, y cuando
llegaron al tercero, que ya se había ido. Volvieron al segundo, y estaban los
trabajadores, pero José Antonio, se había ido al taller. Fueron al taller, y
cuando llegaron, José Antonio se había ido a la casa a descansar.
Llegaron a la casa, y al fin lo encontraron.
José Antonio, por Dios, nunca había sufrido tanto para
encontrarte.
¿Qué pasa tío?
Que la guardia y el vecino, vinieron a hablarme. Que
van a cazar al gitano que está cantando en los tejados.
Jajajaja, vamos tío, que ya no voy a cantar en los
tejados, así que ya no te preocupes.
A las seis de la tarde, en la casa de los Calderón,
José Joaquín, José Antonio y Manolo, se alistaban para salir.
José Antonio los sacó en caballo, y se dirigieron al
bar, donde cantaban los gitanos.
Cuando llegaron al sitio a las siete de la noche, el
ambiente estaba tranquilo, pidieron unas cervezas y algo de comer.
De pronto comenzó paulatinamente a cambiar de gente el
bar, como todas las noches.
El tío siguió tomando, aunque sí veía, como se iban
unos e iban llegando otros.
José Antonio, será que nos tenemos que ir, hay gente
que se va.
No tío, tranquilo que ahora viene lo bueno…
De pronto, llegaron los músicos gitanos.
José Antonio, vamos que esto se puso feo, esos
guitarristas no me dan confianza.
Tío, tranquilo que ahora va empezar lo bueno.
Pero José Antonio, si comienzan a tocar esos gitanos
aquí, la guardia del Rey nos va a apresar.
Tranquilo tío, que ahora va empezar lo bueno.
Y en efecto, empezaron los músicos a tocar.
José Joaquín estaba inquieto. Pero al escuchar la
música se distrajo y comenzó a disfrutar el momento. Igual veía que la gente a
su alrededor estaba tranquila, cantando y disfrutando, entre ellos, José
Antonio.
Cantaban, aplaudían y bebían. El ambiente estaba muy
bueno. José Joaquín ya se había relajado.
José Antonio, le dijo a su tío, ese músico que vez ahí
fue el que me enseñó a tocar la guitarra.
Hombre, pero ¡qué maravilla¡
José Antonio, incluso cantó una canción a coro con los
músicos.
Cantaron varias canciones por el lapso de una hora y
media, y se fueron.
José Joaquín, preguntó por qué se iban?
José Antonio le respondió, que no podían quedarse
mucho tiempo en un sitio, porque la guardia les pisaba los talones.
Te has dado cuenta, que no siempre tienes que cuidar
tus bolsillos cuando hay gitanos cerca.
Bueno, bueno, bueno, José Antonio, vámonos ya, ya se
hizo tarde, y los músicos ya se fueron. Paguemos la cuenta y nos vamos.
En las afueras, se escucharon gritos y ruidos de la
armada. Eran soldados de una patrulla que llegaban al lugar.
Ya José Antonio, José Joaquín y Manolo iban en sus
caballos de vuelta a su casa, cuando se toparon con el guardia que los había
visitado en la mañana.
Señor Calderón, buenas noches. ¿Qué están haciendo
vosotros por aquí?
José Joaquín bastante entrado en tragos, le dijo que
habían ido a un bar de lo más chulo.
Sí ya veo. Debéis cuidaros, hay muchos gitanos por la
zona, y hemos venido a poner orden.
Hombre si tocan muy bien…
¿Qué dijo? Saben que los gitanos no tienen permiso de
nuestra majestad de tocar en público.
José Antonio y Manolo, intervinieron.
No… señor… el señor Calderón no ha escuchado a ningún
gitano tocar, lo que ha dicho es que está muy bien que ustedes estén aquí.
Bueno… eso no fue lo que creí haber escuchado.
Señor, el señor Calderón, está pasado de tragos, vamos
a conducirlo a su casa. Yo soy un sobrino, y él –señalando a Manolo- es nuestra
escolta. Ya nos vamos a nuestra casa.
Bueno, yo seguiré mi trabajo, que lleguen sanos y
salvos a su casa.
Al día siguiente… en el desayuno.
José Joaquín, se estaba muriendo de la resaca.
José Antonio se estaba burlando de él.
Y Manolo, le recordaba que la noche anterior, casi se
metía en líos con el guardia.
José Antonio se retiró a su cuarto.
De pronto, volvió a entrar la criada… Señor lo
requiere el guardia del otro día.
Señor Guardia, buenos días. A qué debo el honor de su
visita.
Señor Calderón, ayer quedé muy preocupado, pues se
encontraba en un barrio muy peligroso y estaba ebrio. Quería saber cómo había
amanecido.
Hombre señor… me honra con su preocupación. Pero estoy
bien gracias, solo con un poco de resaca, es todo.
Bueno, me alegra escucharlo.
Ya el guardia iba saliendo de la casa, cuando de
repente se escuchó una guitarra.
No puede ser… Callen al bellaco… que nos va a meter en
líos.
¿Qué fue eso?
¿Qué cosa mi señor?
Escucho como una guitarra
Imposible señor.
De pronto sonaron todos los platos y las ollas en la
cocina para ocultar el sonido de la guitarra.
A esta hora, solo se escucha el ruido de los platos y
las ollas de la cocina. Mire usted… es imposible escuchar algo, yo mismo, a
esta hora me salgo de mi casa, pues no aguanto tanto ruido.
Si ya veo, qué raro, pensé haber escuchado una
guitarra.
El guardia, salió de la casa, y mientras tanto, Manolo
corría a la habitación de José Antonio, para que dejara de tocar.
Pasaron dos noches, y José Antonio comenzó a pensar en
Priscila.
No aguantó, sacó la guitarra y tocó en el tejado de la
casa de los Velásquez.
Al momento, salió Priscila, y le dijo a José Antonio,
viniste a verme otra vez.
He oído que te andan buscando, porque enamoras a las
criadas con el toque de guitarra.
Dicen muchas cosas, pero solo vine a verte.
Anda, deja de tocar, que nos van a escuchar, y mi
padre tiene sus armas listas para cazar al gato en el tejado.
Si, eso supe… pero quería verte.
He salido más por el temor a que te pase algo. No
deberías estar aquí, ni yo tampoco.
Priscila (Se escuchó un llamado)
Te das cuenta… vete por favor…
Ya me voy…
Priscila se despide de un beso en la mejilla, y cada
quien se devuelve a su casa.
Cuando José Antonio llega al cuarto e ingresa con su
guitarra, escucha un disparo, y seguidamente un maullido de gato.
Dijo para sí: Menos mal fue el gato en el tejado. Qué
mala suerte la de ese pobre animal¡