CAPITULO III: LA HERENCIA GITANA
María Lorena, la madre de José Antonio, cuando aún
éste era muy pequeño, le solicitó a su esposo que contratara a una criada para
que la ayudara en las labores de la casa y sobre todo con los niños. Antonio
accedió y una noche trajo a una jovencita de 15 años, de piel bronceada para
que ayudara a su mujer en las labores de la casa, llamada Carmiña. Lo que no
sabían los esposos, es que esta mujer provenía de una familia gitana. Por esa
época, el imperio español había declarado una cruzada en contra de los gitanos,
y la persecución de los grupos de gitanos era despiadada. Una anciana se la
ofreció a Antonio en el mercado, y le dijo que trabajaría sólo por alojamiento
y comida, y Antonio decidió hacerse cargo de ella para darle gusto a su esposa.
José Antonio tenía unos tres años de edad cuando la
joven llegó a la casa, y pronto se convirtió en el niño más mimado de la joven,
quién en secreto le cantaba trovas gitanas para dormirlo. Al niño le encantaba,
se reía, se tranquilizaba y se dormía. Con ternura la gitana lo consentía con
sus cantos, y a través de ellos, le contaba historias. En las noches de
tormenta en Cádiz, la mujer acallaba a los truenos con cánticos e historias
para los niños. La gitana no quería que sus patronos supieran de su origen, por
temor a ser expuesta a las autoridades, o a que ellos mismos la devolvieran a
las calles, y por eso, frente a los padres, la mujer contaba historias, pero
sus cantos si los hacía a espaldas de ellos.
De poco a poco le iba tomando mucho cariño a los
niños, y ellos a ella. Una vez casi fue descubierta, pues José Antonio comenzó
a cantar mientras jugaba con ritmo gitano, despertando la extrañeza de su padre
Antonio, quién al oír el canto, dijo sorprendido: “Quién está cantando esa
lisonja gitana” y cuando vio que era José Antonio, se llevó las manos a la
cabeza y dijo: “¿Qué mal te he hecho chaval para que ahora me cantes como
gitano?”
Antonio: María, María ….
María Lorena: ¿Qué pasa Antonio?
Antonio: Ese chaval nos va a meter en problemas con el
Rey. ¿Por qué coño está cantando como gitano?
María Lorena: Pero Antonio ¿De qué hablas?
Antonio: Ah. ¿No me crees? A ver chaval canta otra
vez.
José Antonio: Aaaaaa eeeeee iiiiii eeeee ……
María Lorena: ¡Válgame Dios¡ y lo hace hasta bien el
condenado.
Antonio: Lo ves, nada más hace falta que baile y toque
la pandereta, y en unos años nos leerá la mano y quién sabe que más
triquiñuelas terminará haciendo. María ¡por Dios¡ ¿Cómo es que este niño ha
salido tan descarrilado?
María Lorena: ¡Ya cállate Antonio¡ deja de decir
tantas barbaridades, que herencia tiene, porque mi bisabuelo era gitano.
Antonio: Ah, ya con razón, ¿Y puedes decirme cómo este
niño conoció a tu bisabuelo para que le enseñara a cantar así? Porque yo no lo
pude conocer.
María Lorena: ¡Antonio que te calles¡ ¡Pero de verdad,
¡qué raro¡ ¿dónde habrá aprendido esa canción? Si ningún gitano frecuenta esta
casa, y los gitanos que se ven, se encuentran en la calle y ya no se exhiben
mucho por temor a las autoridades. No creo que José Antonio haya visto cantar a
un gitano en la calle.
Antonio: ¡No se hable más¡ Corrige ya a ese muchacho,
no lo quiero oír cantar más como gitano, ni a ninguno de mis hijos tampoco.
Enséñale un pasodoble por lo menos.
María Lorena: ¡Antonio¡ ¿pero de dónde voy a sacar yo
para enseñarle un paso doble? ¡De verdad que estás loco¡ A ver José Antonio, ¿quién te ha enseñado esa
canción?
José Antonio miró a Carmiña, y dijo: ¡Pues me ha
salido del corazón mamá¡
María Lorena: ¡Ah caramba¡ Qué respuesta más romántica
José Antonio, pero mira hijo mío, que desafortunadamente no puedes cantar así,
hay mucha gente que odia a los gitanos y te puede hacer daño, si te confunde
con alguno.
José Antonio: Mamá... ¡pero cómo hace uno para callar
el corazón¡
María Lorena: Pero ándale hijo mío que estás muy
romántico, ¡parece que estuvieras enamorao¡
José Antonio: Pues no sé qué es estar enamorado mamá,
creo que estoy pequeño todavía para ello, además... no conozco muchas
mujeres... pero lo que no entiendo es ¿por qué no puedo cantar?
María Lorena: Claro que puedes cantar mi encantador
hijo... solo que no puedes cantar como gitano, porque nos puedes meter en un
problema a mí y a tu papá.
José Antonio: Por tí haré callar mi corazón, por mi
papá ... no tanto. Además, que es muy gracioso hacerlo enojar.
María Lorena: José Antonio no seas tan malo con tu
padre.
José Antonio: Mamá, pero es que mi papá es muy
regañón.
María Lorena: Sí, es bastante gruñón, pero en el fondo
tiene un corazón muy grande.
* * * * * * * * * *
En una ocasión Carmiña le contó la historia a José
Antonio de un gitano que por las noches se subía por los tejados de las casas
de Cádiz a cantar, y que, en una ocasión, escuchó que una mujer lo llamaba
desde una ventana. El se acercó y saludó a la señorita con gallardía. La
señorita le pidió que le cantara una canción, y él se la cantó. Al terminar
ella sonrió y le dio gracias, tomó una flor y se la lanzó al gitano para
agradecerle, luego cerró la ventana. El gitano tomó la flor, la olió y se la
metió en el bolsillo. Al día siguiente volvió al mismo tejado, cantó una
canción, y la señorita abrió nuevamente la ventana para escucharlo, y
nuevamente le agradeció lanzándole una flor.
Al día siguiente, el gitano volvió a cantarle a la
señorita en su ventana, y le volvieron a lanzar una flor. Sin embargo, esa
noche, cuando se iba para su casa, otra voz de mujer lo llamó desde otra
ventana, también le pidió una canción, y también le cantó.
El gitano comenzó a cantarle a varias mujeres, que
desde sus ventanas le pedían canciones, y él les cantaba a cada una, y a cambio
recibía flores y pañuelos. Así conoció a muchas mujeres que le sonreían cuando
él les cantaba alguna canción, sin embargo, todas las noches, siempre comenzaba
con la primera mujer que le había abierto la ventana, y luego iba en orden,
cantándole a las demás, como si fuera un camino.
Un día, fue a cantarle a aquella mujer, a la que le
cantó primero, pero esta vez ella no salió, así que cantó mucho más duro. Pero
ella no salió. volvió a cantar más duro, y ella salió un poco enojada. ¡Gitano
callad¡ que hoy está mi marido que ha regresado de su viaje...
El gitano que ya se había comenzado a enamorar de
aquella mujer que dulcemente le sonreía y le arrojaba una flor cada vez que él
le cantaba, sintió una gran tristeza al saber que la mujer estaba casada. Dejó
cinco días de cantar en los tejados. Las mujeres extrañadas, muchas que ya se
estaban enamorando de aquel hombre, se entristecieron también, y se armó una
gran conmoción. Las mujeres susurraban entre ellas, y preguntaban qué le había
pasado al gitano, y comenzó a hacerse una leyenda de aquel gitano que enamoraba
a las mujeres cantándoles desde el tejado, pero nadie sabía su nombre.
El gitano trabajaba en el campo para ganarse la vida.
Trabajaba todo el día, y en la noche volvía a su habitación en la ciudad, y
cansado del trabajo, luego de comer, tocaba su guitarra. Como la habitación en
donde se hospedaba era tan pequeña se salía por los tejados a tocar, hasta que
un día escuchó la voz de una mujer que le pedía que le cantara.
Luego de cinco días sin tocar, fue a una taberna a
tomar un poco de ron. Se encontró que en una mesa varias personas hacían
alusión a que un gitano estaba conquistando a las mujeres, cantando desde los
tejados. Que había muchos hombres que ya no querían viajar en los barcos, por
miedo a que el gitano les robara a sus esposas. El gitano extrañado comenzó a
preguntar qué era lo que estaba pasando. Un hombre medio borracho le contó, que
había un gitano, que nadie sabía quién era, que estaba cantando en los tejados
de las casas, y que aprovechando que en la ciudad había muchos hombres viajando
en la mar, comenzó a conquistar a sus mujeres, y que ahora que han vuelto, ya
sus mujeres no los quieren.
El gitano se asustó mucho. El no se había imaginado
que cantar pudiera ser algo malo ni peligroso. Nunca quiso causarle daño a
nadie.
El hombre borracho le contó además, que un capitán de
la armada estaba tan enojado, porque una de sus hijas, le dijo que estaba
enamorada de aquel hombre, y que había llorado mucho, porque no había vuelto a
cantarle. Que dicho capitán está dispuesto a arrestar a ese hombre que se había
burlado de su hija. El gitano pensaba en su cabeza, ¿qué es esa locura?
Cinco días más siguió el revuelo por el gitano que no
aparecía. Muchos hombres custodiaban a sus esposas e hijas, y en varias casas
contrataron a hombres para apresar al gitano. Luego de diez días más sin
aparecer, la gente comenzó a dudar de su existencia y otros pensaron que se
había muerto, o algún hombre lo había sorprendido cantando y lo había matado.
El gitano había dejado de cantar por miedo, por todos los lados se hablaba de
que iban a atrapar a aquel gitano, o lo iban a matar. Luego de una semana más,
ya nadie hablaba del tema, y se dio un nuevo reclutamiento de hombres para
servir en los barcos. Así las cosas,
comenzaron los hombres a viajar tranquilos en los barcos, y nuevamente quedaron
las mujeres solas en sus casas.
El gitano que había dejado de cantar por tanto tiempo,
decidió salir una noche de luna llena a cantar. Pero decidió ir a visitar a
aquella mujer casada que le había abierto por primera vez la ventana. Le cantó
una canción, y ella abrió la ventana y lo miró con una gran sonrisa. Al
terminar, le volvió a arrojar una flor, pero esta vez, el gitano le preguntó su
nombre. Y ella le respondió: "Mi galán de la noche, no debo darte mi
nombre, porque no puedo darte lo que no debo, mayores pesares podrías sufrir si
le das un nombre a un tormento. No quiero saber tu nombre, ni tú deberías saber
el mío... tu me cantas tus canciones y yo te arrojo mis flores, y así deben
seguir las cosas, si complicarnos no queremos"
El gitano comprendió el mensaje, le hizo una venía a
la mujer y le dijo: "Mi señora perdonadme... no quería importunarla con
mis canciones. Comprendo que su corazón ya tiene dueño, algo que de verdad
desconocía. Solo he venido a despedirme, y ofrecerle mis disculpas por lo
ocurrido en la última noche."
El gitano se fue, y no volvió a cantarle a la mujer.
Desde esa noche le cantó a varias mujeres, cuando los hombres se iban de viaje,
hasta que un día le pusieron una trampa y lo mataron. Así terminó la leyenda
del gitano que cantaba en el tejado, que causó mucho revuelo en Cádiz.
José Antonio: Pero Carmiña ¿Cómo así que le pusieron
una trampa? ¿Qué le pasó?
Carmiña: José Antonio, ya es hora de dormir, luego te
cuento qué fue lo que le pasó
José Antonio: No Carmiña ¿Cómo me voy a dormir con esa
duda tan grande?
Carmiña: Bueno José Antonio, pero tienes que dormirte
luego de que acabe, ya es muy tarde.
Resulta que el gitano sabiendo que a las mujeres les
gustaba que les cantara, pues siguió cantándoles. Lo cual no le hizo mucha
gracia a muchos hombres, que se enteraron que nuevamente había un gitano en los
tejados cantándole a sus mujeres. Así que varios, ya comenzaban a hacer guardia
en sus casas. En una ocasión, el gitano le estaba cantando a una mujer, cuando
de repente un hombre le gritó que lo iba a matar... el gitano salió corriendo,
y escuchó como alguien le había disparado.
Ya tenía que ser más cuidadoso, nuevamente los esposos y los padres
tenían los ojos bien abiertos y querían cazar al gitano. En otra ocasión,
varios hombres lo persiguieron por varios tejados, pero como el gitano ya se
conocía de memoria aquellos techos, pudo correr sin ser alcanzado, mientras que
los hombres que lo perseguían se caían y aterrizaban mal heridos en los patios
vecinos, donde se armó toda una algarabía, pues los confundían con ladrones y
les lanzaban palos y piedras. La situación ya se estaba saliendo de control, pues
en las noches se oía mucho ruido, disparos, persecuciones, gritos y peleas. A
pesar de ello, el gitano seguía cantándole a las mujeres por gusto y por la
emoción. Hasta que un día, fue a cantarle a una mujer, pero esta no sabía que
su esposo se había puesto de acuerdo con unos amigos, para atrapar al gitano.
Lo estaban esperando, y cuando apareció, esperaron que comenzara a cantar, y
que la mujer abriera la ventana, en ese momento que estaba tan distraído,
llegaron los hombres, agarraron al gitano enfrente de la mujer, y el esposo de
la mujer lo mató.
José Antonio: Pero Carmiña y....
Carmiña: A dormir José Antonio... ya no hay más que
contar.
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