jueves, 13 de enero de 2022

CAPITULO VIII CONQUISTANDO EL AMOR DE UNA HIJA.

 

CAPITULO VIII

CONQUISTANDO EL AMOR DE UNA HIJA.

 

José Joaquín: Pero María… ¿Qué voy a hacer? De la noche a la mañana me sueltas está bomba… Tengo una hija a la que no conozco… y al parecer me odia con toda su alma.

María: A ver José Joaquín… que no seas tan dramático, tú siempre complicas las cosas...

José Joaquín: ¿Dramático? Es que estoy vuelto un lío… no se qué hacer… la cabeza me da vueltas… En mi cabeza solo estaba verte, y ver cómo te ayudaba… y ahora resulta que soy padre de una niña de la noche a la mañana.

María: José Joaquín… ya cálmate… a ver respira profundo… eso… eso… ahora ve…  tienes que hablar con ella… te está esperando.

José Joaquín: Madre mía… ¿pero yo cómo voy a hablar con ella? Capaz y me pega con una olla.

María: ¡Qué te calmes¡ y ahora mismo vas a hablar con ella… desde que se enteró de la verdad, creo que quiere hablarte.

José Joaquín: Pero claro que me ha hablado… me ha tratado como un bobo… y ella sabiendo toda la verdad…

María: JOSE JOAQUÍN…

José Joaquín: Ya… ya… ya hablo con ella… así por las buenas claro que sí.

 

**********

 

Sale José Joaquín de la habitación donde estaba hablando con María, se encuentra de frente con José Antonio y Manolo.

 

José Antonio: ¿Qué pasó tío?

José Joaquín: Pasa que tenías razón, que ahora tengo una hija, y tú tienes una prima, y ahora tengo que hablarle.

José Antonio: Pero ¿ella sabe que tú eres su padre?

José Joaquín: Lo sabe desde que llegamos… menuda diablilla… nos ha tomado a todos por tontos… ahora tengo que ver qué le voy a decir…

José Antonio: No te preocupes tío… las palabras te sobran cuando de meter la pata se trata.

José Joaquín: Es en serio José Antonio… menudo apoyo el que me das.

José Antonio: Pues date prisa entonces… que tu entre más piensas las cosas, más las complicas. Y sobra decir… te lo dije… sabía que era tu hija.

 

*****

 

José Joaquín toca la puerta de la habitación de Victoria…

 

Victoria: ¿Quién es?

José Joaquín: Que soy yo… niña… que quiero hablar contigo un instante…

Victoria: ¿Y si no me apetece? Ya es muy tarde…

José Antonio y Manolo se reían en el pasillo.

José Joaquín: A ver… niña… ábreme la puerta que me urge hablar contigo.

Victoria: Hombre señor… ¿no le parece muy tarde para venir a molestar?

José Antonio y Manolo se seguían riendo en el pasillo, y Victoria los escuchó.

José Joaquín: Ábreme por favor… niña no seas así…

Vuelven las risas… y Victoria abre la puerta.

Victoria: Que mi nombre es Victoria… ¿y se puede saber de qué se ríen esos dos vagos?

José Joaquín: Mira… que se ríen de mí… quiero hablar contigo por favor.

Victoria: Miren parranda de vagos, por qué no van y se burlan de la madre que los parió, y dejan a este pobre señor en paz…

José Joaquín: Ya oyeron parranda de vagos… jejeje

Victoria: Y a usted señor… le debería dar vergüenza andarle tocando la puerta a una joven a estas horas de la noche… ahora que si quiere entrar… tendrá que arrodillarse si de verdad quiere hablar conmigo.

Cesaron las risas… y José Joaquín dijo… qué más da… se arrodilló frente a todos.

Victoria:  Que no señor… que lo decía en broma… levántese ya.

 

Victoria agarró a José Joaquín del brazo y lo entró a su habitación.

 

Victoria: Pero señor ¿está usted loco? ¿Qué le pasa?

José Joaquín: Hija mía…

Victoria le lanzó una almohada

Victoria: No me llames así, que aún no te has ganado ese derecho.

José Joaquín: Esta bien, está bien… Victoria. Ya sé que sabes que soy tu padre, supongo que desde el primer día en que me viste. Menudo papelillo que he hecho, y bueno, quiero hablar contigo… de verdad que yo no sabía nada, y tu madre me lo acaba de confesar, yo de verdad pensé que todo era mentira para el juicio… y yo… de verdad… de verdad no sé ni que decir…

Victoria: Señor, hablas mucho… y todo enredado… a ver… si tuvieras una hija que no has visto en mucho tiempo ¿qué le dirías?

José Joaquín: Pues… le diría que la he extrañado mucho… creo yo…

Victoria: Umm… buena respuesta… me gusta… y si saliste de viaje, y nació cuando no estabas, ¿qué harías si la encontrarás de regreso?

José Joaquín: Pues… brincara de alegría… siempre quise ser padre… pues si es una niña le comprara flores… creo…

Victoria: Mmmm, no me gustan las flores... pero te reconozco el detalle… se supone que no la conoces muy bien. Y dime… ¿qué harías si esa hija estuviera enfadada contigo por algo que tu hiciste?

José Joaquín: mmm… y ¿qué va todo esto? Pues no sé, le pediría perdón.

Victoria: Pero si el perdón no es suficiente, porque hiciste algo muy grave.

José Joaquín: Pero por Dios niña… que no me la pongas tan dura… que yo no sabía que tenía una hija, y que me acabo de enterar…

Victoria: Te sales de mi cuarto… íbamos bien, pero ya tenías que meter la pata… fuera

José Joaquín: Pero…

Victoria: ¡Que te salgas¡

José Joaquín: Pero niña… déjame hablar…

Victoria: Ya hemos hablado suficiente, y tendrás que ganar el derecho a llamarme hija… hasta mañana. (Lo tomó del brazo y lo sacó de la habitación)

 

Afuera José Antonio y Manolo, lo esperaban con carcajadas burlescas.

 

José Joaquín: Muy bonito, ¡parranda de bellacos¡ váyanse a dormir vagos desvergonzados.

José Antonio: Pero si nos toca dormir contigo.

José Joaquín: ¡Que se vallan a dormir¡ ¡Qué muchacha tan testaruda¡

José Antonio: Pues eso también se lo sacó a su padre.

José Joaquín: Ay, yo cómo que nací en Sodoma y Gomorra… A dormir he dicho¡

 

Al día siguiente…

 

Cliente: Buenos días guapa, ¿cómo estás?

Victoria: Buenos días mi señor… ¿En qué le puedo servir?

Cliente: Quiero un pan, un huevo y un vaso de leche… y si te atreves un besito y un cariñito para mí.

 

José Joaquín que se encontraba en otra silla de la panadería con José Antonio y Manolo, se paró de su mesa y se dirigió al cliente.

 

José Joaquín: A ver señor… se puede saber ¿quién le ha dado licencia para dirigirse de esa forma a esta señorita?

Victoria: Señor, ¿qué le pasa?

José Joaquín: Niña… que no es asunto tuyo, que sepa este señor, que esta niña tiene un padre que la va a hacer respetar.

Victoria: ¿Pero tú estás loco? Nadie te ha pedido tal cosa.

Cliente: Pues me vale que sea el padre… yo solo quiero mi desayuno, como todos los días… y bueno, espero que su hijita lo haga como todos los días.

José Joaquín: Pues pídalo con más respeto.

Cliente: ¿Y quién me va a exigir respeto?

José Joaquín: Pues yo, que soy el padre de la criatura.

Cliente: Pero ¿Cuál criatura? Si ya está bastante crecidita.

José Joaquín: Ah ¿con que no? José Antonio, Manolo, saquen a este tipo de mi vista.

José Antonio: Pero tío, ya este es el tercer fulano que nos mandas a sacar, y el último sí que nos dio pelea, que ha Manolo le ha dado una hostia, que mejor ni te cuento…

Manolo: Que sí, Don José… que no podemos andarnos peleando con todo el mundo.

José Joaquín: Que no me discutan, que les pagaré por cada pelea.

Manolo: Ah bueno, así pues sí.

José Antonio: Ningún sí, que no podemos andar como rufianes golpeando a la gente por cualquier motivo.

Victoria: Pero ¿qué le ocurre señor? Que nos está espantando a la clientela. ¿Cómo se le ocurre andar sacando a la gente de la panadería a las trompadas? Estos son clientes muy antiguos.

José Joaquín: Pero niña, es momento de exigir respeto.

Victoria: ¡Respeto¡ pero si son clientes de hace tiempo, y siempre me tratan así.

José Joaquín: Pero antes no estaba yo aquí.

Victoria: Pues estaba mejor sin ti, antes no pasaba nada, nos compraban comida y todos felices.

José Antonio: A ver tío, nos hemos dado puños con tres tipos hasta ahora, porque quieres hacer del buen padre protector, pues no me parece.

Victoria: Yo no te he pedido que me protejas. Eso de verdad que no lo necesito.

 

Llegaron unos soldados a la cafetería.

 

Soldado: Buenos días señores. Aquí está este señor que nos dice, que un par de hombres, lo sacaron de esta panadería y le dieron una zurra. Pueden decirnos qué fue lo que ocurrió.

José Joaquín: ¿Una qué?

Soldado: Una zurra o una golpiza.

José Joaquín: Pues mi respetado señor, mi nombre es José Joaquín, miembro retirado de la armada de su majestad. En efecto, esos dos hombres, uno es mi mozo y el otro mi sobrino, y ellos reaccionaron, porque el señor que ha puesto a ustedes semejante queja, le faltó al respeto a mi hija, la señorita que está aquí presente.

El cliente quejoso: Pero cuál falta de respeto, si yo solo he pedido que me sirvan el desayuno.

José Joaquín: Pues claro que estaba pidiendo el desayuno, pero después llamó a mi hija despectivamente.

El cliente quejoso: Pero ¿cuál despectivamente? Si yo solo pedí una sopa con pan.

José Joaquín: No se haga mi señor, que se refirió a mi hija como un pan bastardo.

El cliente quejoso: Pero sí así se llama el pan que yo pedí.

José Joaquín: Ah y mire que lo ha admitido… es que ha salido chistosito el hombrecito.

El cliente quejoso: ¿Qué le parece un chiste, que uno pida un pan, y a cambio lo saquen como un perro y le den una zurra?

José Joaquín: Que su golpiza se la ha ganado usted, pero por irrespetuoso.

Victoria: Pero señor usted está loco de remate, que en nuestra panadería los panes tienen nombre, y hay uno que se llama el bastardo, y esa fue idea de mi tío, que en paz descanse.

José Joaquín: Pero niña… ¿a quién se le ocurre llamar a un pan como un hijo bastardo?

Victoria: Pues hay un pan bastardo, hay otro que se llama pan cabrón y tenemos otro que es el pan mequetrefe.

José Joaquín: Pero ¿a quién se le ocurre llamar así a los panes? Eso es casi un pecado.

Soldado: Entonces queda claro que a este señor, le han dado una golpiza por solo pedir un pedazo de pan.

José Joaquín: No… señor… yo sé muy bien lo que oí, y cómo este personaje, que ahora se hace la víctima, con tono humillante se refería a la señorita, que como he dicho antes es mi hija, diciéndole pan bastardo.

Soldado: A ver un momento… ¿ustedes son los del juicio de la inquisición verdad? ¿Y esta es la panadería de la acusada? Pues menudo rollo armaron ustedes, que se han hecho famosos en toda la isla. Pero eso no le da derecho a andar dándole golpizas a la gente, así por que así. ¿Quiénes son los sujetos que lo golpearon?

Cliente quejoso: Fueron esos dos (señaló a José Antonio y a Manolo)

Soldado: Pues me los llevo arrestados.

José Joaquín: Pero hombre… por favor… ¿Cómo se los va a llevar? Si esto es un mal entendido.

Soldado: Mejor se calla de una vez, porque como usted fue el que dio la orden también me lo puedo llevar, pero no lo hago por respeto a ser un miembro retirado de la marina de su majestad, y por su pasado heroico en estás islas, pero por favor, deje de crear problemas, porque la próxima no seré tan condescendiente.

José Joaquín: Pues gracias oficial, pero disculpe ser tan insistente… esto es un mal entendido, que estoy dispuesto a remediar de la mejor manera, ya usted verá. Señor quejoso, estaría usted dispuesto a retirar su queja, si a cambio, le ofrecemos su desayuno y el almuerzo.

Cliente quejoso: mmm, no me parece…

José Joaquín: A ver, mi señor, ¿qué le parece si le ofrecemos un desayuno, un almuerzo y la cena del día de hoy, a cambio de los agravios que ha sufrido de nuestra parte?

Cliente quejoso: mmm, que sean dos días de desayuno, almuerzo y cena.

José Joaquín: mmm, que sean desayuno, almuerzo y cena, y el desayuno del día siguiente.

Cliente quejoso: mmm, bueno trato hecho.

José Joaquín: Vio señor oficial, que entre caballeros podemos arreglar los malos entendidos.

Soldado: Bueno… no estoy para perder más tiempo… si el quejoso retira su queja, no tengo más que decir… Pero lo cierto, es que la próxima vez que arme un alboroto en esta isla, no le daré audiencia, ni a usted, ni a los suyos, y los voy a meter en el calabozo.

José Joaquín: No pierda usted cuidado oficial señor, que no volverá a tener otra queja de nosotros.

Cliente quejoso: Bueno ¿y mi desayuno?

José Joaquín: Niña, por favor. Servidle su desayuno a nuestro razonable cliente.

Victoria: Con mucho gusto, siga por acá, que el señor José Joaquín pagará su cuenta.

 

Disipada la tempestad.

 

José Antonio: Tío por favor, necesitamos definir qué vamos a hacer, que se nos está acabando el dinero, y no tenemos pasajes de regreso a Cádiz.

José Joaquín: Mmmm, si la verdad, ya me he dado cuenta de ese problema. Me va a tocar acudir a los judíos a hacer algún préstamo, para poder retornar a Cádiz, pero es que siento que no me puedo ir todavía, me siento responsable por Victoria y María.

José Antonio: A ver tío, pero es que no nos podemos quedar aquí. Tenemos cosas pendientes en Cádiz.

José Joaquín:  A ver José Antonio, yo sé que tenemos cosas en Cádiz, y que aquí no tenemos nada, pero es que luego de todo lo que hemos pasado, y fuera de eso me sale una hija de la nada, pienso que no puedo dejarlas así, y si además tenemos en cuenta lo que nos pasó en el viaje de venida con esos piratas, me da temor que nos vayamos y no las vuelva a ver.

José Antonio: Bueno… no podemos echarle la mala suerte, pero la verdad es que somos unos imanes para los problemas.

 

En esos momentos llegó Isidoro, el contramaestre del barco en el que nuestros amigos habían llegado a Tenerife.

 

Isidoro: Mi señor… lo estábamos buscando con urgencia.

José Joaquín: Isidoro muchacho, que pareces que has corrido media isla hasta aquí  ¿qué te pasa?

Isidoro: Son los piratas franceses, que están cazando a todos los miembros de la tripulación uno a uno, como represalias de la bomba apestosa.

José Joaquín: Pero ¿cómo así? ¿Y no han avisado a la guardia de eso?

Isidoro: Pues nosotros llegamos con ustedes el mismo día, y nos bajamos del barco. El capitán le dio permiso a unos marineros para que descansaran, otros quedaron de guardia en el barco. Al hacer cambio de turno, tres marineros faltaron… y bueno… pensamos que se habían emborrachado o se habían quedado enredados en las barracas… pero pasó un día y no volvieron. Dijimos pues se fueron a otros barcos… igual, el capitán le pareció extraño y envió a varios marinos a buscarlos. Mientras eso ocurría, estando de guardia en el barco y junto con el capitán, fuimos atacados por tres hombres que hablaban francés, que ingresaron al barco matando a dos marinos por sorpresa, luego sonó la alarma, y salimos los diez marinos restantes con garrotes, vimos a los atacantes, los perseguimos, pero huyeron, no sin antes decirnos que el Capitán Jean Pierre cobraría su venganza por toda la mierda que le habíamos arrojado, y que uno a uno caeríamos muertos. Y vaya que ha cumplido su promesa, hasta ahora, ya van 7 muertos, y hoy el capitán está desaparecido. El marino que iba acompañando al capitán, dijo que fueron atacados en el mercado, por tres hombres que hablaban francés. Al capitán y a él, los habían amarrado, y les habían preguntado por la tripulación, sobre los nombres de los tripulantes y los pasajeros. Dijo que fueron torturados y que el pudo escapar en un descuido. Yo he venido a avisarles el peligro que están corriendo, nosotros queríamos zarpar, pero estábamos esperando una carga. Luego ahora sin capitán estamos a merced de esos corsarios.

José Antonio: Pero sabes si el capitán o el marino, ¿le dijeron los nombres?

Isidoro: Pues… yo si creo, pues estaban siendo torturados.

José Joaquín: Madre mía, definitivamente yo nací en Sodoma y Gomorra, ahora sí esto se complica. Debemos irnos, pero al mismo tiempo no podemos, porque quedarían María y Victoria solas.

Isidoro: Y nosotros no podemos zarpar pues estamos sin capitán, y no sabemos qué hacer.

José Antonio: Atención que acaban de llegar tres sospechosos.

Isidoro: Si esos son, y nos están mirando.

José Joaquín: Manolo, ve y consíguenos armas, que aquí se va a formar un zafarrancho.

José Antonio: Estos tipos te estaban siguiendo Isidoro, ¿qué vamos a hacer tío?

José Joaquín: No sabemos si ya nos tienen identificados…

 

En esos momentos llega Victoria a la mesa de los piratas y les preguntan qué les puede servir, y ellos hacen su pedido y le preguntan algo. Ella les responde y señala a José Joaquín y José Antonio.

 

José Antonio: Rayos, supongo que ya Victoria le dio la información que querían, porque ahora nos miran fijamente.

José Joaquín: Bueno calmémonos. Al parecer no quieren armar un desorden en este lugar. Hagamos lo siguiente… Isidoro, tus sales primero, si ellos te siguen, nosotros estaremos detrás de ti, y le caeremos por sorpresa por la espalda, a estos tíos hay que acabarlos antes de que nos maten. Si ellos no te siguen, corre al barco y alerta a la tripulación, trae contigo por lo menos diez marinos de los más corpulentos y nos esperas en la placita que está a dos calles de aquí. Nosotros saldremos después de ti, y si nos siguen, trataremos de huir de ellos, hasta la placita para que todos le caigamos al tiempo, no podemos enfrentarlos solos, es mucho riesgo.

 

Llega manolo con una bolsa, con dos cuchillos de cocina y dos palos.

 

José Joaquín: Manolo… vaya armas que nos has conseguido… volvamos con la catapulta y los barriles de mierda mejor. Bueno Isidoro… a la cuenta de tres sales, prepárense todos.

 

Salió Isidoro de la panadería, pero los piratas lo vieron, pero no se movieron, seguían viendo a José Joaquín, José Antonio y Manolo.

 

José Antonio: Tío, la cosa sí es con nosotros.

 

José Joaquín llama a Victoria.

 

José Joaquín: Niña, qué te han preguntado esos hombres de allá.

Victoria: Que si ustedes eran los extranjeros que venían de Cádiz, ¿por qué?

José Joaquín: Ay mi madre…

Victoria: ¿Qué ocurre?

José Joaquín: Mira, hija mía… que yo sé que no me he ganado el derecho de llamarte así… pero en estos momentos no estoy para discutirlo… solo quiero decirte que te quiero con todas las fuerzas de mi corazón, y que por ti haría lo que fuera. Eso es por si no te vuelvo a ver…

Victoria: Pero ¿qué pasa?

José Joaquín: Espero regresar para contarte.

 

Los tres salieron de la panadería, y los piratas se le fueron atrás, y comenzaron a correr, y comenzó la persecución.

José Joaquín: Sepárense, den dos vueltas y traten de llegar a la placita donde quedamos a encontrarnos con Isidoro, tenemos que darle tiempo para que llegue con los demás miembros de la tripulación.

Se separaron, y cada uno comenzó a correr con un pirata que lo perseguía. Como José Joaquín era el más lento, vio a unos soldados que estaban en la calle, y les puso conversación. Era el soldado que había ido a la panadería antes.

 

José Joaquín: Mi estimado oficial buenas tardes ¿cómo le ha ido?

Soldado: Bien, espero por su bien que no esté tramando algo.

El pirata, desapareció de su vista, y José Joaquín lo buscaba por todas partes, mientras el soldado y sus dos compañeros lo miraban extrañado. José Joaquín pensó que si le decía al soldado que lo estaba persiguiendo un pirata francés, que no se veía por ningún lado, se lo iba a llevar por loco al calabozo, así que decidió hacer tiempo y tratar de protegerse del pirata hablando con los soldados.

José Joaquín: Hombre, ¿qué voy a estar tramando? Solo quería decirle que el quejoso ya había disfrutado su desayuno y su almuerzo según lo pactado.

Soldado: Pues me alegra.

 

En ese momento, pasó Manolo corriendo, perseguido por un pirata por delante de los soldados.

 

Soldado: ¿Ese no es su mozo?

José Joaquín: Ah qué barbaridad, creo que sí… ¿Qué le estará pasando a ese muchacho?

Soldado: Le advertí que si vuelven a formar un desorden en esta isla, los metería al calabozo a todos.

 

En ese momento, pasó José Antonio corriendo con el otro pirata detrás empujando a varias personas.

 

José Antonio: Tío, ya es hora de ir a la placita.

José Joaquín: Con gusto le explicaré, por favor sígame.

José Joaquín arrancó a correr a la placita, los soldados lo siguieron.

 

Cuando llegaron a la placita, estaban José Antonio y Manolo espalda contra espalda, armados de sus garrotes, con los dos piratas haciéndole un cerco, armados con cuchillos.

José Antonio: Tío, no ha llegado Isidoro.

José Joaquín: Tranquilo que aquí traigo refuerzos.

 

Y llegan los tres soldados detrás de José Joaquín.

 

Soldado: Pero ¿qué le pasa? ¿Está usted loco?

José Joaquín: Yo no estoy loco, esos son piratas franceses que quieren matarnos, ayúdenos.

Soldados: ¿Piratas? A las armas.

 

De la multitud salió el tercer pirata y le disparó con una pistola a uno de los soldados, y los otros dos piratas le cayeron de sorpresa al tercer soldado matándolo al instante. José Joaquín reaccionó y con un garrote golpeó en la cabeza al pirata de la pistola, José Antonio golpeó con su garrote a otro pirata, y Manolo resistió la estocada que intentó darle el otro pirata, pero menos mal el soldado intervino con su espada. En ese momento, llegó Isidoro y los demás miembros de la tripulación que agarraron a los tres piratas y los lincharon. La población los miraba atónitos, y comenzaron a darse voces en toda la isla que había piratas franceses en Tenerife.

Soldado: Pero ¿Se puede saber qué está ocurriendo aquí?

José Joaquín: Ya se lo dije oficial, estos piratas franceses vinieron a matarnos.

Soldado: Pero ¿por qué no me dijo? Han matado a mis compañeros, porque nos tomaron por sorpresa.

José Joaquín: Siento mucho lo de sus compañeros de armas, pero vuestra merced no me iba a creer lo que estaba ocurriendo.

Isidoro: Señor José Joaquín, ¿y qué hacemos con estos facinerosos?

José Joaquín: Hay que entregarlos a la armada y que ellos se encarguen. Mi estimado oficial, le entregamos estos tres piratas y usted se llevará todos los méritos de su captura, pero rinda homenaje a sus amigos caídos. Solo espero que dé reporte de lo aquí ocurrido, y que la armada este atenta, porque puede haber más piratas, que han jurado vengarse de mi y de la tripulación que me ha traído a Tenerife, matándolos uno a uno.

Soldado: Haré todo lo que este a mi alcance señor José Joaquín.

José Joaquín: Isidoro, acompañen al soldado a entregar a estos piratas a la armada, y que los hombres sigan en guardia en el barco y que no se separen, es muy probable que en la isla  se encuentren más piratas dispuestos a matarnos. Dile que preparen el barco para zarpar, que si están dispuestos, yo seré su capitán, para que salgamos todos de aquí.

José Antonio: Tío, ¿vas a ser capitán?

José Joaquín: Ya fui capitán en la armada, fue mi último cargo, antes de retirarme.

Isidoro: Sí señor, ya comunicaré a todos, estarán felices de zarpar de este puerto señor.

José Joaquín: Muy bien…

 

José Antonio: Y qué vas a hacer con Victoria y María.

José Joaquín: A Victoria me la llevaré a Cádiz, y a María le pediré matrimonio.

José Antonio: Pero tío esto no es un plan de guerra, no creo que ni María, ni Victoria acepten, es más fácil ganarle una batalla a un barco pirata con una catapulta y unos barriles llenos de mierda. Ahora, ¿cómo vas a pedirle a María que se case si tú aún sigues casado?

José Joaquín: Ya no sobrino, lamentablemente me llegó una carta hace días de Nueva España, donde se supone que mi ex esposa se fue con su padre, informándome que había fallecido en medio de un ataque pirata. Así que a pesar de que no me lo esperaba, yo también soy viudo y estoy libre para casarme nuevamente.

 

 

José Joaquín, José Antonio y Manolo volvieron a la panadería, donde Victoria y María los estaban esperando.

 

María: Por Dios José Joaquín, ¿estás bien? Estábamos muy preocupadas, en toda Tenerife se ha dado la alerta que hay piratas franceses asesinos. Y nos dijeron que hubo una refriega en la plaza a dos cuadras donde mataron dos soldados.

José Joaquín: Sí, desafortunadamente en nuestro viaje de Cádiz hasta acá, fuimos atacados por unos piratas franceses, a los cuales le hicimos frente y los derrotamos con una catapulta y unos barriles llenos de basura y de mierda. Su capitán ha jurado vengarse de tal ofrenda, y ya ha matado a siete tripulantes del barco que nos trajo hasta aquí, y posiblemente ya han matado al capitán. Esos tres piratas vinieron hasta aquí para matarnos.

María: Oh por Dios, ¿y qué van a hacer? Tienen que irse rápido.

José Joaquín: No puedo irme sin ustedes. Esos tipos no tienen escrúpulos, y si saben que Victoria es mi hija, no me quiero imaginar qué les podrían hacer.

María: Pero nosotras ¿por qué? Nosotras no tenemos a donde ir y estamos solas.

José Joaquín: Mira, no fue mi intención meteros en estos problemas. Vine por ti, y esos piratas nos atacaron. Ahora quieren matarnos, y si saben que ustedes son mi familia muy seguramente les harán algo malo. Ya no están solas, quiero proponerte que vengas conmigo a Cádiz.

María: Pero ¿cómo quieres que vaya a Cádiz contigo? Y Victoria y la panadería.

José Joaquín: Victoria vendrá con nosotros, lo de la panadería, no sé, has lo que quieras, pero María, hace 16 años me fui de aquí y te dejé, no voy a cometer el mismo error.

María: José Joaquín, estás loco, ya han pasado 16 años.

José Joaquín: ¡cásate conmigo¡

María: Pero ¿tú te estás volviendo loco? ¿De donde has sacado esa idea otra vez vas con tus impulsos? Ha pasado mucho tiempo ya.

Victoria: A ver señor… usted no puede venir a jugar al Dios con nosotras. A mí no me puede llevar a su antojo a donde sea… y ahora no puede proponerle matrimonio a mi mamá para llevarnos a las dos, ¿qué le pasa?

José Joaquín: Miren las dos, yo sé que esto les cae por sorpresa y que implica un cambio muy grande en sus vidas, pero es que ustedes no están seguras aquí en Tenerife, y yo no las puedo dejar aquí a merced de esos piratas.

Victoria: Pero entonces, ¿No tenemos otra opción que dejar nuestra vida e irnos con usted a Cádiz? Y fuera de eso mi mamá tendrá que casarse con usted, pues gran pedida de mano se ha gastado, qué estrategia.

José Joaquín: Bueno, si lo miras así no se oye del todo bien… pero no es lo que quiero decir.

José Antonio: A ver a ver a ver… mi tío todo lo enreda y la verdad, no todo lo que ha dicho, es lo que él quiere decir, dejadme explicarles mejor, y que esta propuesta no suene tan fea, que de verdad tío que no te salió para nada bien. Miren… lo que ustedes no saben es que mi tío sigue amando a la señora aquí presente, la señora María (la señala con su mano), y por eso se vino como loco a Tenerife a salvarla de la Santa Inquisición sin saber, ni siquiera por qué la estaban procesando, ni cual era el pecado que había cometido, solo vio el nombre de María, y ya estábamos los tres montados en un barco que nos trajo a Tenerife, ¿si eso no es amor? Pues que nos lleve el Diablo… Por otro lado… y déjenme que no he terminado… cuando este hombre supo anoche que Victoria era su hija, se arrodilló para poder entrar en su habitación… no saben lo testarudo que es este hombre, y es la primera vez que lo veo tan dócil… En conclusión… este hombre que ven aquí las ama, y no importa cuantos años hayan pasado, o si se acaban de conocer. El corazón de este hombre en este momento suspira por vosotras, y les aseguro, que no descansará hasta verlas felices. Miren, ese hombre es quisquilloso, complicado, enredado, mal humorado, pero tiene uno de los mejores corazones del mundo, y que a pesar de que yo siempre me las arreglo para ponerlo en problemas, me ha criado y querido como un hijo, y por eso, te digo Victoria, que si lo aceptas, será el mejor padre para ti, y créeme que esta vez no te dejará y es capaz de quedarse contigo para protegerte. Y piensen… Cádiz es una ciudad hermosa, con mucha gente, pueden abrir fácilmente otra panadería y volver a empezar libres de todo asedio de los pobladores de esta isla, que quisieron que la Santa Inquisición las condenara a muerte. Igualmente, no las podemos dejar en esta isla, sabiendo que hay una banda de pirata que les puede hacer daño, ya han matado a siete marineros, ayer mataron a dos soldados y además, casi nos matan al tiempo. Piensen razonablemente, y verán que es conveniente que todos nos vayamos para Cádiz, porque hay la posibilidad de que un padre este cerca de su hija, y de que recupere a un viejo amor. En ese orden de ideas, no entiendo que os conduce a seguir afirmando la necesidad de permanecer en esta isla.

Victoria: Mira José Antonio, muy lindo tu discurso, pero es que ustedes quieren que saltemos al vacío, y nos vayamos todos a Cádiz, con los ojos cerrados. ¿Qué tal si de todo esto lo que resulta es un desastre? Qué ese señor se aburra de nosotras y quedemos en la calle. Aquí tenemos un trabajo, una casa, un techo y un hogar que hemos construido en años. Tenemos muchos enemigos que nos quiere quitar nuestro hogar, pero también tenemos muchos clientes que nos apoyan. No es la primera vez que tenemos que protegernos de gente peligrosa, y estamos en nuestra propia tierra.

José Joaquín: A ver Victoria, escúchame por una vez… Se que soy nuevo en tu vida y que no me conoces. Siempre quise tener un hijo, y bueno, la vida me entregó este sinvergüenza al que quiero muchísimo, y el que hoy está hablando por mí de la mejor manera y con las mejores intenciones. Quiero ser tu padre… ya soy tu padre, y como tal, quiero protegerte de que no te pase nada malo, déjame acercarme… déjame conquistarte como papá, solo te pido que me des una oportunidad… algo que te puedo dar en Cádiz y que hoy las condiciones implican que sería más seguro para ustedes, que vinieran a Cádiz con nosotros. ¿Qué quieres hacer? Montar una panadería en Cádiz, te la monto. Quieres una posada, también… dime qué quieres que no te negaré nada, con tal de que estés cerca de mí.

Y tú María, perdóname por no haberme quedado hace 16 años, perdóname por no haber vuelto hace 16 años, ahora estoy aquí, vine por ti, te propongo matrimonio desde el fondo de mi corazón, pero no estás obligada a aceptar esa propuesta. Piensa en tu hija y en su futuro, en Cádiz trataré de que no les falte nada. Déjame enmendar mis errores.

María: Ay Dios mío José Joaquín… ¿cuántas veces me vas a enredar la vida? Espero no arrepentirme de lo que voy a hacer. Victoria… Habla con el señor Bertonio, y dile que le venderé la panadería, al precio que te propuso cuando yo estaba encerrada en el calabozo. Y Victoria, comienza a empacar tus cosas, y lo más indispensable. José Joaquín, espero que cumplas con tu promesa de que podamos abrir algún negocio en Cádiz, y si me fallas, te lo juro por nuestra hija que te mato. Y Victoria, deja de joder de una vez por todas, y dile a este, como siempre le has querido decir, y que me dijiste hoy en la mañana… dile papá. Y bueno señores… nos vamos para Cádiz. Ah, José Joaquín, ¿cómo es eso que te quieres casar conmigo si tú ya estas casado, es que has perdido la cabeza?

José Joaquín: Eh, no… es que hace unos días me enteré que soy viudo…

María: Ah bueno… entonces déjame pensar qué haré con tu propuesta, pero no creas que con ese discurso me olvidé que todos estos 16 años… así que dame un tiempo y lo pienso bien… Ahora… todo el mundo a hacer maletas que nos vamos.

Victoria: Pero mamá…

María: Mamá nada… empaca tus cosas que nos vamos… es lo mejor para nosotras.


jueves, 16 de diciembre de 2021

Mi saludo de fin de año para mis estudiantes

Un saludo a todos mis estudiantes, que el proximo año les traiga mucho amor, exitos y mucha prosperidad. Que sigan adelante, que sigan creciendo como personas y que aprendan todo lo que quieran aprender, que amen la vida, que disfruten las experiencias y que se aparten de lo malo. Y lo mas importante, que sean felices.

Un abrazo grande a todos.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Tres años de una cita a ciegas

 TRES AÑOS DE UNA CITA A CIEGAS.


Tres años ya desde aquella primera cita a ciegas. Solo la escuché por el celular, y ya tenía ganas de conocerla.

Inteligente, divertida y con una inteligencia emocional, que  la hacen políticamente correcta.

Mi esposa me ha dado un hogar y un familia linda, mi hogar es mi refugio, y sus brazos son mi tranquilidad.

No pensé que de una cita a ciegas iba a encontrar, un a joya tan hermosa como mi esposa, una hija que todos los días me enseña algo nuevo, y un hijo que me ha dado una experiencia de amor indescriptible. Pero nada de eso sería posible, sin ella, mi esposa. 

A penas van tres años de conocerla, pero parecen más, quienes nos presentaron nos dicen que nosotros no nos conocimos, sino que nos reconocimos, tal vez si, en otra vida, siempre estuvimos muy cerca, y no nos topamos, tuvimos varias personas cercanas en común, pero a penas nos conocimos hace tres años. Ambos coincidimos en que debimos conocernos antes, y nos hubieramos ahorrado muchos malos ratos, sin embargo, las circunstancias no lo permitieron. Hoy hace tres años, el universo conspiró, los planetas se alinearon, Toty hizo lo suyo, y por fin nos encontramos, nos reconocimos, y nos adoramos, nos respetamos y nos admiramos. 

Gracias amor por estos tres años, por todo, por tanto, y por ser como eres. Te amo. 


jueves, 19 de agosto de 2021

CUENTOS DE CARMEN GUAL

CUENTOS DE CARMEN GUAL.




















Mi mamá es Carmen, y es un personaje... tuvo una relación muy particular con su padre Anselmo, con quién desarrollo una linda relación y complicidad para realizar todas sus travesuras, y de estás es que les voy a hablar un poco.


LOS VASOS DE AGUA.


Carmen: Papi, qué hace uno cuando quiere que una visita se vaya.
Anselmo: Pues le sirves varios vasos con agua, hasta que se vaya.

En una oportunidad llegó un conocido de su padre, que hablaba mucho y a Carmen realmente le fastidió, así que comenzó:

Carmen le llevó el primer vaso con agua.

Visitante: Ay mijita, que rico, me estaba muriendo de la sed... muchas gracias.

El visitante siguió hablando con Anselmo...

Carmen lleva el segundo vaso con agua.

Visitante: Ay mijita, gracias, la verdad es que estaba seco, con estos calores que están haciendo.

Carmen lleva el tercer vaso con agua, y ya Anselmo descubre que su hija, está siguiendo su consejo, y la mira, tratando de decirle: Ya para¡ pero el sabe que ya no hay nada que hacer.

Visitante: Ay mijita, de verdad que ya estoy lleno, estoy que me reviento... Anselmo me prestas el baño por favor? 

Cuando sale el visitante del baño, Carmen le insiste que se tome el vaso con agua que le había llevado, (cómo me lo vas a rechazar, si el agua te hace bien) y el hombre por decencia accede, pero se toma la mitad.

10 minutos más tarde, vuelve Carmen y le lleva un cuarto vaso con agua al visitante.

Visitante: Ay mija, gracias de verdad -el hombre se tomó dos sorbos de agua -... Anselmo, seguimos hablando otro día.

Anselmo: Mija tu eres terrible, ese hombre se puede orinar en el camino...


40 años después, apliqué la misma táctica con un amigo de mi primo. Nos estábamos viendo un partido de la selección Colombia. Fueron dos vasos de agua enormes que se tomó, pero éste no se fue. Fue al baño, pero cuando estaba en el baño, la selección Colombia metió un gol, que se lo perdió en medio de la angustia de estar orinando, mientras que todo el mundo afuera gritaba el gol.


EL CUENTO DEL SAPITO

Mi mamá tuvo varios pretendientes, y en su época se acostumbraba a hacer visita.

Uno de esos pretendientes era bastante parecido a un sapito, y así le decían, incluso, el sabía que le decían así.

El hombre comenzó a visitar por las tardes, todos los días, y mi mamá ya había decidido esconderse y no salir a atenderle la visita, con la esperanza de que el hombre desistiera de su propósito.

Cierto día, llegó el joven de visita, y mi mamá quería salir, pero no sabía si el pretendiente estaba en la sala esperándola para hacerle una visita, así que le dijo a un sobrino (Anselmo José) que fuera a la sala y revisara si ahí estaba el señor sapito.

El joven Anselmo José fue a la sala, en la cual se encontraba, el abuelo Anselmo, el tío Raúl y varios de sus amigos, su papá Anselmo Antonio, y Sapito. Pero como el niño no entendía la diferencia entre sapito animal y sapito persona, porque no sabía que al pretendiente de su tía le decían sapito, pues comenzó a buscar en el suelo al sapito animal constantemente, y luego de un buen rato buscándolo, concluyó y le gritó a su tía, desde la sala: ¡Tía... aquí no hay ningún sapito¡

El tío Raúl y sus amigos se murieron de la risa, Anselmo Antonio trató de regañar a su hijo, y el Abuelo Anselmo, casi se muere de la vergüenza. Lo que si ocurrió, es que Sapito, dejó de visitar la casa.


JOSE, ANITA Y ESNEIDER

Anita fue mi primera niñera, y tenía dos hermanitos, que también vivieron con nosotros y fueron también mis niñeros.

En otra ocasión, mi mamá también se estaba haciendo negar para no atender una visita en su casa, de un primo, de mi papá, quién timbró en varias ocasiones en la casa, y mi mamá le dijo a la empleada que se llamaba Anita, que le dijera que mi papá se encontraba en la oficina. La empleada no le entendió y le decía al primo que mi papá estaba donde Josefina.

Primo: Y donde está Jorge?
Anita: Donde Josefina.
Primo: Y donde está Josefina?

Carmen: Anita, no es Josefina, dile que Jorge está en la oficina.

Anita: El señor Jorge está con Josefina.
Primo: Y quién es Josefina.

Carmen: Anita, que es OOO FIII CIII NAAA

Anita: Que el señor Jorge es JOO SEE FII NAA
Primo: ¿Cómo así que Jorge es Josefina?


A José que era el menor, mi mamá lo llenó de mucho temor, era un niño como de 4 o 5 años, cuando llegó a la casa. Mi mamá era muy nerviosa y la primera casa que nosotros tuvimos, tenía mucho monte al rededor, y cada vez que había un ruido raro, su instinto era salir corriendo y meterse debajo de la cama. Así se llevaba a José para debajo de la cama, y el niñito salía corriendo. Eso dice mi mamá que influyó mucho en José, porque todos los días llegaba del colegio correteado de otros compañeritos que lo seguían hasta la puerta de la casa a pegarle y el no se defendía sino que salía corriendo. Y les decía, les voy a echar a mi hermano Esneider, el si los casca... 

Mi mamá veía como José nombraba a Esneider como su protector, y en efecto era su hermano mayor, y pensó que era grande, pero cuando lo conoció era del mismo tamaño, parecías gemelos a pesar de que Esneider era el mayor, pero eso sí, con una valentía y una fuerza de corazón increíble, y como dijo su hermano, lo protegió y los niñitos que antes correteaban a José, el los hizo correr.

Mi mamá lo consentía bastante, lo peinaba, y le echaba masajes para según ella alisarle el pelo. En una ocasión le dejó un masaje con una pañoleta, y se la dejó puesta. Ya mi papá le había llamado la atención a mi mamá que le dejara de poner pañoletas al niño, y preciso, llegó mi papá al medio día, y salió José a abrirle la puerta emocionado y se olvidó que tenía puesta la pañoleta. Mi papá desde el carro le dijo, oiga joven qué trae usted puesto? El niño se miró su camisa, sus piernas y sus pies y dijo: Nada, doctor. Y mi papá le insistió: ¿Qué tienes puesto en la cabeza? El niño se tocó la cabeza y se acordó que tenía la pañoleta y con pena enseguida se la quitó.



MI MAMÁ CONTESTANDO EL TELÉFONO DE SU CASA.


Anselmo Antonio, uno de los hermanos de mi mamá llamó a la casa de mi abuela, en aquellos tiempos en que los teléfonos eran de rueda giratorios, y hacían que las personas se equivocaran al marcar, y le contestó mi mamá:

Mi mama: Buenas tardes, policía Nacional.

Mi tío: Excuse señorita, me equivoqué de teléfono.

Vuelve y llama

Mi mama: buenas tardes, Policía Nacional.

Mi tio: Excúseme señorita, deben estar las líneas cruzadas (A veces  ocurría en ese tiempo que se cruzaban las líneas, es decir, uno marcaba un número y salía para otro)

Vuelve y llama

Mi mama: Buenas tardes, Policía  Nacional.
Mi tío: señorita discúlpeme que pena, estoy tratando de llamar a mi mamá y me está saliendo la llamada para allá... ELVIRAAAA (llama a su esposa, que nada tiene que ver en el asunto), mira a ver que esta pasando con el teléfono, que estoy tratando de llamar a mi mamá y me sale la llamada para la policía Nacional.


NEGANDO A LAS NOVIAS DE MI TÍO ALVARO.

Otro hermano de mi mamá, mi tío Alvaro, estaba esperando la llamada de una novia. Antes solo había un teléfono en la casa, y todas las personas dependían de ello, así que la familia se ponía de acuerdo para que a unos los llamaran a una hora, y a otros a otra, incluso se encargaban entre sí que si a alguno lo llamaran, pues que le avisaran.

Así pues, que mi tío Alvaro esperaba una llamada importante de su novia, y contesta mi mamá.

Mi mamá atiende a la novia, habla con ella, pero le dice que su hermano Alvaro, que tenía enfrente esperando, no estaba. A mi tío Alvaro le decía que la llamada era para otro hermano, y se quedaba hablando un rato con la novia, y colgaba. La novia no le creía a mi mamá, esperaba 5 minutos y volvía a llamar, nuevamente contestaba mi mamá, y volvía a negar a mi tío Alvaro que tenía enfrente, y a este, le volvía a decir que era de otra persona. La novia esperaba 10 minutos y volvía a contestar mi mamá con el mismo resultado. Mi tío Alvaro se iba para la calle aburrido, llegaba a visitar a su novia y le reclamaba que se había quedado esperando su llamada, y ella le contestaba que si lo había llamado 3 veces, y que había hablado con la hermana Carmen, un buen rato, y que ella le decía que no estaba. Mi tío Alvaro le decía  pero ¿Cómo que no estaba si me tenía enfrente y me decía que estaban llamando a otra persona?

Mi tío Alvaro que tenía varias novias en su momento, hacía varias visitas, y también le decían que lo habían llamado varias veces, y que contestaba su hermana, y ella decía que no estaba, y que se quedaban hablando con ella.

Alvaro: ¿Carmen que me estuvieron llamando y que tú contestabas y le decías que yo no estaba?
Carmen: Tu estas loco, a ti no te ha llamado nadie.


EL POBRE KIKE

Enrique Del Valle, vecino de toda la vida de mis abuelos,  hablaba gopeado como buen cartagenero, por eso, no le decía a mi mamá Carmencita, sino Canmencita. Una gran persona en todo caso.

Estaba mi tío Raúl, un hermano de mi mamá estudiando en Bogotá, y mi mamá y mi tía Piedad querían hablar con él pero no había plata para llamarlo por Telecom. Fueron donde Kike Del Valle, el vecino de al lado, e hicieron la llamada. Sale Kike al mes siguiente:

Kike: Canmencita, tu hiciste una llamada a larga distancia?
Carmen: No Kike como se te ocurre.
Kike: Es que me llegó una cuentona de teléfono. Pero yo ya estoy sospechando de dos vergajos, si hubieses sido tu no hay problema, pero deja que los voy a coger.
Carmen: ¡No Kike, qué abuso¡
Kike: Gente inconsciente Canmencita, esos deben ser algunos de esos vergajos del dominó que estaban jugando conmigo el fin de semana y seguro hicieron una llamada de media hora a Bogotá. Pero el problema es ¿Quién habrá sido el vergajo?

Kike, siempre le regalaba a mi mamá, comida, dulces. Una vez estaba mi mamá con un hambre, y mi abuela dejó unos patacones viejos mal parqueados en un sartén, y estaban duros, pero mi mamá se los estaba comiendo con un gusto, y pasa Kike y ve a mi mamá comiendo y le dice:
Kike: ooo Carmenncita que estas comiendo
Carmen: ay Kike, unos patacones, quieres?
Kike: Uy que rico, gracias Canmencita Le da mi mamá los patacones viejos a Kike.

Al rato le dice Kike, Canmencita esos patacones muy ricos de sabor, pero casi me parten un diente


SAMUELITO

Franklin Samuel, es un sobrino de mi mamá, de los más queridos y de los que compartió mucho con nosotros, es hijo de mi tía Piedad, y les pasó muchas cosas.


Llega mi mamá a la casa de mi abuela a las 2 de la  tarde y se encuentra con su sobrino Franklin Samuel:
Franklin Samuel: Hola tía
Carmen: Hola Samuelito, ¡Anda, mira como esta la sal en la terraza¡

Franklin se queda mirando... Y dice tía donde esta la sal?
Le explica mi tía Piedad (su mamá), Franklin Samuel, no es la sal, es el sol, es que tu tía le cambia las vocales.
Franklin Samuel: Aaaaa.


Franklin es de muy buen apetito y a diferencia mía, comía de todo y le daba hambre muy puntual a la hora del almuerzo. Mi mamá no era puntual a la hora del almorzar y comenzaba a cocinar a las 12, así que dependiendo del tipo del almuerzo, se podía estar almorzando a la 1 o a las 2, para Franklin esto era una tortura, se sentaba a las 12 en una silla en la cocina, porque tenía hambre, y le preguntaba a mi mamá: Tía yaaa? el no veía movimiento de cocina y se preocupaba más... Tía yaaa? y a esa hora, apenas mi mamá iba a comenzar a cocinar. Franklin Samuel sufría la hora o la hora y media que mi mamá cocinaba en la silla. 

Esa tortura de hambre también la sufrieron otras personas. En una ocasión mi mamá invitó a almorzar a Luis José, un tío de mi papá, el cuál también era muy puntual para el almuerzo. Eran las tres de la tarde, mi mamá estaba cocinando un sancocho, y eran las tres de la tarde y todavía no estaba la comida para servir. Este señor no aguantó más y se fue.

Otra que sufría mucho fue mi abuela Toña, que se quedaba en la casa los fines de semana con nosotros. Mi abuela hacía una siesta a las 11, se levantaba a las 12, y mi mamá le decía que iba a comenzar a cocinar. Mi abuela se volvía a dormir, se levantaba a la 1,  y mi mamá aún esta cocinando. Luego se levantaba a las dos y mi abuela ya desubicada con su horario le preguntaba a mi mamá, Carmen, ya yo almorcé?




CARMEN Y EL FUTBOL

Iba a jugar la selección, y mi mamá decía: A mi me encanta como juega la pabita, el pase preciso.

La gente quedaba fuera de foco y preguntaba: ¿y quien es la pabita?
Había que explicarles que era el Pibe Valderrama.



Estaban mis tíos y mi abuelo viendo un partido de la selección Colombia, y de repente.... Se iba la luz.
Hp, hp, hp. Se fue la luz.

Al rato, salían del cuarto y se daban cuenta que había luz en las otras casas
Era mi mamá que había bajado los tacos de la energía y se estaba riendo en la concina.

Si se fue la luz eléctrica, pero mis tíos siempre sospechaban que era mi mamá y en el fondo guardaban la esperanza de que fuera ella y no un apagón, para seguir viéndose el partido.


LOS RULOS DEL ABUELO ANSELMO.

En un medio día, mi abuelo le dijo a mi mamá, que lo sobara mientras hacía una siesta.
Mi abuelo se durmió, y mi mamá comenzó a peinarlo, y le puso unos rulos en la cabeza, bien apretados.

De pronto llega mi abuela Antonia, Anselmo te buscan...

Era un cliente que había citado mi abuelo en la casa a las 2 de la tarde.

Sale mi abuelo a lavarse la cara y se ve los rulos puestos en el espejo, y trata de quitárselos y no puede, porque mi mamá se los había enrollado bastante fuerte.

Y mientras tanto, el cliente esperando en la sala...

Mi abuelo afanado llama a mi abuela para que lo ayude: Antonia ven... Quitarme estos chismes...

Mi abuela se lo queda viendo y se echa a reír, y cómo te pusiste esos rulos.

Anselmo: Fue Carmen que me los puso, y yo me quedé dormido.

Mi abuela ayuda a mi abuelo a quitarse los rulos, le jala los pelos, le arranca otros, en medio de un forcejeo en el baño, y cuando ya logra quitarle todos los rulos, le dice: Anselmo tu tienes a esa pela hecha da a perder, eres un bobo con ella.


LAS FIESTAS CON CARMEN.

Mi tía piedad y mi mamá iban a una fiesta, con permiso hasta la 1.

Piedad: Carmen vamos que nos van a regañar, ya son las 12:30
Carmen: Otro ratico... Piedad.
Piedad: Carmen vamos que nos van a regañar, ya son las 12:50
Carmen: Otro ratico que está la fiesta sabrosa.
Piedad: Carmen ya nos van a regañar, ya es la 1:10
Carmen: Bueno, Piedad si ya nos van a regañar, para que nos vamos.


En una fiesta de mis tíos con conjunto vallenato incluido, uno de los invitados de mi tío era Gonzalo Noguera. El hombre se emborrachó y se quitó los zapatos. Mi mamá los cogió y se los escondió. El hombre se fue en medias para su casa, pues no los encontró por ninguna parte. Al día siguiente en la fiesta, el hombre fue apenado a la casa de mis abuelos a preguntar por sus zapatos, mi tío Manuel fue el encargado de atenderlo.

Gonzalo: Mañe, que pena contigo, ayer en la fiesta se me extraviaron los zapatos y no los pude encontrar, llegué a mi casa y me dieron una cantaleta, de que había votado los zapatos de la pea que tenía... mejor dicho que regaño tan grande por llegar en medias a mi casa.

Manuel: Hombre Gonza... déjame ver y hablo con mi mamá a ver si encontró los zapatos.

Mi tío Manuel habló con mi abuela, y no había noticia de los zapatos.

Manuel: Hombre Gonza... dice mi mamá que no los ha visto, pero que los seguirá buscando, vente mañana a ver si aparecen.

Gonzalo fue al día siguiente, y también al día siguiente, por sus zapatos, y nada que aparecían.

Mi tío Manuel  refirió el cuento en el almuerzo a todos en la familia. Y dijo, ya Gonzalo ha venido 2 veces, que está buscando sus zapatos que al parecer los dejó el día de la fiesta.

Mi abuela dijo: ajó y quién va a tener esos zapatos y yo ya hice aseo, y yo no encontré ningún zapato extraño.

Mi tío Raúl que conocía bien a mi mamá y quien ya estaba riéndose mucho, le preguntó: Carmen, tu tienes los zapatos de Gonzalo?

Mi mamá respondió: Yo se los escondí, porque se emborrachó y se quito los zapatos. Para que no lo vuelva a hacer en casa ajena.

Mi abuelo: Bien hecho hija... pero se los devuelves en dos días para que sea serio.


ESA MUJER SI ES BRAVA

En el tiempo en que se prohibió parquear en el centro de Santa Marta y que pasaba una grúa llevándose los carros, mi mamá seguía parqueando el carro en frente de la casa de mi abuela, donde se había prohibido parquear, y estando sentada en la casa de mi abuela, pues cuando llegaba la grúa, se montaba al carro y daba una vuelta y se volvía a parquear o si seguía la grúa molestando, pues se iba para su casa.

En cierta ocasión, mi mamá dejó el carro parqueado en la misma cuadra de mi abuela, pero en frente de un local donde se vendían electrodomésticos, y que era de un señor de apellido Deibi, hijo de un futbolista argentino que jugó en el Unión Magdalena y que tuvo una pizzería en Bavaria. Mi mamá le encargó al suegro de Deibe, que ella conocía, que si veía la grúa le avisara para llevarse el carro. La grúa pasó y se llevó el carro de mi mamá, y el señor se le olvidó avisarle. Mi mamá le dio insultó a ese señor tanto, que después de 20 años des suceso, yo que había estudiado con la nieta de ese señor, y que me invitó a su matrimonio, me encontré con ese señor después de muchos años, le dije mis apellidos, Abello Gual, y el me dijo, los Gual, claro yo los conozco, pero es especial una de las Gual, qué señora esa tan brava, esa señora es candela... una vez me metió una insultada, que ni le digo...    Yo le dije: Esa es mi mamá.


CARMEN Y EL SOL

Una de las cosas que descomponía a mi mamá era el sol. Para ella asolearse era lo peor del mundo, le molestaba quedar bronceada, se sentía morena, y eso para ella desde el punto de vista estético la molestaba. Por eso, siempre usó paraguas para el sol, y era prácticamente un artículo distintivo de ella, pues lo que no quería era verse morena.

En una ocasión mi hermana, se llevó a mi mamá para una grabación de una novela que hicieron en Santa Marta, y que necesitaban extras. La grabación comenzó a las 12 y terminó como a las 5, y para terminar de acabar se le quedó el paraguas. Mi mamá se ha asoleado y se bronceó bastante, estaba cabrera, se quejó por lo menos 2 semanas hasta que se le pasó la bronceada. Mi papá y yo nos reíamos, a mi hermana que era a la que culpaba, no le era tan gracioso. Pero mi papá y yo, muy a pesar de lo que ella decía, que se veía fea, hinchada e inflamada, si concluíamos que se veía más bonita bronceada, pero eso sí, preferíamos que se le pasara ese mal genio rápido.

En una ocasión también, tuvimos que hacer unas diligencias en el centro de Santa Marta a las 11 de la mañana, y me he llevado a mi mamá para hacer las vueltas. Parqueamos en el parqueadero de la Olímpica al lado de Cajamag, y teníamos que ir al centro de Santa Marta a varias cosas. El calor y el sol estaban en su máximo esplendor. Era la 1 de la tarde terminamos las vueltas, y mi mamá estaba que me mataba. Era precisamente de las 11 a las 2 de la tarde que ella evitaba salir para no asolearse, ni sudarse.


TIROTEO EN EL CEMENTERIO DE SANTA MARTA.

En una ocasión, mis papás fueron a dar un pésame porque se había muerto el papá de un amigo de mi mamá.

No lograron ir a la funeraria, y terminaron yendo al entierro en el cementerio. 

Mi papá se quedó conmigo en la entrada en el cementerio, me tenía cargado, y mi mamá entró al cementerio a saludar a sus amigos.

De pronto dos carros llegan al cementerio, uno persiguiendo a otro en medio de un tiroteo. Era un vehículo que se estrelló en un poste al lado de la entrada, a unos 3 metros de donde estábamos mi papá y yo. Y una camioneta con plafón que llevaba en el plafón a un hombre con una ametralladora disparando. Cuando mi padre escuchó el tiroteo se metió en la entrada del cementerio, y llevándome cargado, se escondió detrás de una columna, lo mismo hicieron todas las personas que estaban al rededor. En Santa Marta la guerra de los Cárdenas y los Valdeblanquez, había acostumbrado a los samarios a salir corriendo y esconderse para evitar una bala perdida.

Mientras que yo estaba con mi papá en la columna, y viendo como el tipo que estaba en el plafón de la camioneta acribillaba al tipo que se había estrellado en el poste, alcancé a escuchar el grito: ¡CORRAN QUE ESTO ES UN TIROTEO¡

La situación era un caos, porque en efecto habían el tipo de la ametralladora venía disparando en contra del carro de la víctima desde muchas cuadras, y luego de que chocó el vehículo con el poste, siguió disparando, así que se escucharon muchas ráfagas.

La gente corría de un lado a otro en el cementerio, se ocultaba detrás de las bóvedas de los muertos, muchos se metieron en bóvedas y las abrieron. Y otros como mi mamá, se volaron las rejas y las paredes del cementerio para escapar a la calle, pues la gente pensó que el tiroteo se iba a meter en el cementerio.

Luego de que se acabó el tiroteo, mi papá, salió corriendo al interior del cementerio buscando a mi mamá. Nosotros habíamos visto cómo el asesino remató a la víctima (Monche Barros) y se había ido huyendo en la misma camioneta como llegó. 

Buscamos a mi mamá por todo el cementerio, le preguntamos a varios conocidos, y nos dijeron que sí la habían visto, pero que no sabía donde estaba. Mi papá se cansó de buscarla en el cementerio y decidió ir a la casa de mis abuelos, esperando que hubiera podido llegar allá, que quedaba más o menos a cinco cuadras, en ese tiempo no existían los celulares, así que no había una forma inmediata de ubicar a una persona.

En efecto, mi mamá estaba sentada en la terraza en la casa de mis abuelos, en un mecedor. Se había volado la paredilla del cementerio con tacones, con vestido, con la ayuda de un amigo Gabrielito, salieron corriendo por la calle, y llegaron a la casa de mis abuelos. Todo ello en un ataques de nervios, donde mi mamá fue la que gritó, la que hizo que todo el mundo saliera corriendo, y que hizo a varias personas, entre ellas a su amigo Gabrielito, a saltarse una paredilla de más de 2 metros de alto.


CLARO Y LA PASTILLITA CURATIVA.

Estábamos de vacaciones en Panamá, nos habíamos quedado en el apartamento de mi tía Piedad. Mi tía piedad tenía un cuñado de nombre Claro, que llegó a visitar al medio día, y se puso a hablar con mi mamá. Y le dijo que se sentía como mal, como inflamado, y mi mamá, le dijo, mira yo si te veo como inflamado, es como si estuvieras reteniendo líquidos, yo tengo una pastillita muy buena, que te puede servir y te puede aliviar ese malestar. Fue al cuarto, sacó la pastilla y se la dio Claro, sin advertirle cuales eran los efectos de dicha pastilla.

En la noche, en la casa de mi tía Piedad se organizó un juego de cartas, estaban jugando mi tío Franklin, mi mamá, Claro y otro hermano de mi tío Franklin. La partida de cartas se suspendía y se suspendía en  todo momento, porque Claro tenía que ir al baño. En la mesa de juegos se decía, ¿a quién le toca? A Claro, ¿y donde está? en el baño. Hasta que mi tío Franklin le preguntó: Claro ¿Qué te pasa? así no podemos avanzar en el juego, cada vez que te toca jugar, estás en el baño, no le prestas atención ni al juego.  Claro respondió: Joda Hermano, qué pena con ustedes, pero no sé que me ha dado, y me la he pasado todo el día en una meadera, que voy cada quince minutos al baño, y son chorros y chorros, y a pesar de que orino bastante, a los quince minutos me vuelven a dar unas ganas, que no las puedo ni aguantar porque me meo... ya yo estoy preocupado... yo creo que mañana me va a tocar ir al médico. 

Mi mamá que lo escuchó, estalló en risa, pero no fue capaz de decirle que la pastillita que le había dado al medio día era un fuerte diurético, que era lo que lo mantenía con esas ganas de orinar incontenibles, así que le dijo a mi tía piedad, para que mi tío Franklin su esposo, le dijera a Claro, su hermano, que la pastillita curativa era un diurético, y que no tenía que preocuparse, porque sus efectos no duraban más allá de un día.

Claro, descansó porque en verdad pensaba que se había enfermado, no se molestó y todo el mundo se rió del tema, y el a los dos días pidió otra pastilla, porque le había ayudado bastante según él con la retención de líquidos.


CARMEN LA MAESTRA DE LAS DESCOMPOSICIONES.

Mi mamá se disfrutaba a los sobrinos, y a los niños en general, y una de las cosas que le gustaba era ponerlos a cantar.

Y armó un coro con todos sus sobrinos mayores: Anselmo José, Mónica, Lina, Claudia, Raúl Eduardo y Carlos Enrique, y los puso a cantar una canción, que la descompuso para mi, y decía:

"Bebé, Bebé, Bebé. 
Por otro bebé me dejó.
Que cruel es el destino
Y duro el camino
Pero yo le sigo cantando al bebé."

La canción fue aprendida muy bien por todos sus sobrinos, y cuando llegó mi abuelo del trabajo, estaban todos listos para sorprenderlo con semejante descomposición. Y cuando abrió la puerta de la casa, encontró a sus seis nietos cantando a pulmón herido dicha canción.

Anselmo (Abuelo): Mija... yo esa canción la conozco, y tú le cambiaste totalmente la letra. Esos pobres pelaos están orgullosos de cantar semejante desastre músical... me duelen los oídos.

Carmen: Ven y les digo que te la canten otra vez, que con la práctica ellos van mejorando.

Anselmo: Nooooo



Mis abuelos tuvieron unos vecinos, eran de apellido Zorro Aycardi, la esposa era prima de mi papá, y mi mamá los conocía como vecinos. 

Uno de los hijos de eso vecinos, se acercaba mucho a mi mamá, ella estaba soltera y el niñito jugaba en la terraza, y jugaba con mi mamá. En uno de esos juegos, mi mamá le enseñó un trabalenguas: Zorro, zorrito, zorrazo, aquel me hizo pedacitos y tu me hiciste pedazos. Y el niñito se la aprendió muy bien.

Cuando llega el papá del trabajo como a las 5 de la tarde, pasa y saluda a mi mamá, y agarra al nene de la mano, y le dice el niñito, papá me acabo de aprender un trabalenguas. Y el papá le dice, que bien hijo y cómo es? y comienza el niñito: "Zorro, zorrito, zorrazo, aquel me hizo pedacitos y tu me hiciste pedazos." y el papá llega y muerto de la pena, sin saber que quién se lo había enseñado era mi mamá, le dijo: "Ve que pelao pendejo Nojoda, qué zorrito, ni que zorrazo, no ves que el apellido de nosotros es Zorro. Mejor cállese y vámonos para la casa. Este pelao si  es bobo, la hace a uno pasar es pena."


CARMEN Y LOS APODOS

Mi mamá le encantaba ponerle apodos a la gente, sobre todo a la gente que más quería, la más cercana, y era su firma:

Hermanos:

Manuel: Compae Manola.
Anselmo: No tenía como tal un apodo pues le decía Chemo como los demás, pero lo asociaba como "El espíritu de contradicción"
Berta: Santa
Raúl: Tabaquito.
Alvaro: La cachaca.
Piedad: No tenía apodo.


Sobrinos:
Karina: Telecarranza.
Luchy: La changa.
Milena: Malano.
Carlos Enrique: Carlota.
Rosana: Rosa vieja.
Margarita Rosa: Rosa nueva.
Claudia: La Tollita.
Lina: Lanao
Mangie: Manyó
Franklin Samuel: Samuelito

Primos:
Javier: Zabita.
Enrique: Enriqueta.
Agustín: Tin.

Cuñados:
Franklin: Francisco
Mercedes: Marchan


CARMEN Y LA QUERELLA DE POLICÍA.

Mi mamá era una fiera cuando nos protegía a mi papá, a mi hermana y a mi, y era bien brava. En una ocasión estaba yo en Bogotá, y me llama mi mamá por la noche.

Carmen: Jorge Arturo, ¿Qué es una querella?
Jorge Arturo: Mami es una denuncia que se coloca ante la policía y busca que a otra persona le pongan una caución. Sobre todo por agresiones menores.
Carmen: Ah... Es que me pusieron una querella.
Jorge Arturo: ¿Y por qué te pusieron una querella?
Carmen: Es que una niñita se ha puesto a decir una cantidad de barbaridades sobre mi hermana en el Colegio, y yo me la encontré en la calle, con la mamá, y la voy encarando, y le dije un poco de cosas, y la niñita me iba a alzar la voz, y yo le pegué su pescozón en frente de la mamá. Y ahora me están citando a una estación de policía por una querella que puso la mamá.
Jorge Arturo: Y de esto por qué no me habían dicho nada? Bueno te toca ir a la cita, no tienes que decir mucha cosa, te colocan una caución para que no te vuelvas a acercar a la niña, ni le vuelvas a pegar y listo. Debes decir, que estabas defendiendo a tu hija por un poco de calumnias que estaba diciendo la niñita en el Colegio, pero la caución es justificada y el compromiso es que no lo vuelvas a hacer.

La niña no volvió a meterse con mi hermana, afortunadamente.

miércoles, 21 de julio de 2021

UN MENSAJE PARA MI HIJO Y MI AMADA

 Mi vida, mi reina, mi esposa, en todos los días. No me alcanzan las palabras para describir la felicidad que me da tenerte a mi lado. Fuerte, valiente, inteligente y hermosa, toda una joya de mujer, que devuelve al doble el amor que se le da. Temida e incomprendida a veces, tengo la dicha de tener tu corazón como mi mayor tesoro y tu amor como el mejor premio, en todos los días. Has sido mi mejor elección y mi salvación, por el hogar que me has dado, y la felicidad y tranquilidad que hoy siento.

A mi hijo José Ignacio, le esperarán muchas aventuras y enseñanzas, tiene un hermoso ser humano de madre, que con valentía y tenacidad lo ha cuidado de todos los riesgos, con amor y dedicación, y así seguirá, cuidándote con  esa tenacidad y amor, del cual vivo enamorado y que tanto admiro de mi esposa.

José Ignacio hijo mío, te estoy esperando con los brazos abiertos, y aquí estaré, dando lo mejor de mí, con toda mi fuerza y mi corazón.


De este imprudente que los ama…

RESEÑA LITERARIA DEL LIBRO LA COLONIA POR FAUSTO PEREZ

  Reseña literaria por Fausto Perez: "un libro singular: La Colonia , una comedia histórica escrita por Jorge Arturo Abello Gual, un au...