miércoles, 12 de agosto de 2026

HISTORIAS CONTADAS DE SANTA MARTA




Historias contadas de Santa Marta.


Luego de recopilar varios libros sobre la historia de Santa Marta, me encontré con los libros de Arturo Bermúdez Bermúdez, y de varios libros que hacen referencia a la historia colonial de Santa Marta, que es poca en comparación con la que tiene Cartagena.  La diferencia entre estas dos ciudades, en historia y arquitectura radica en que Santa Marta fue incendiada y saqueada por piratas aproximadamente como 20 veces, por tanto, muchos archivos se perdieron, y una de las pocas fuentes que quedaron, fueron las cartas que escribían los gobernadores de Santa Marta a la corona Española para informar los sucesos que acontecían en esa ciudad.

Desde el punto de vista arquitectónico, si bien, Santa Marta no tuvo murallas, sí tuvo arquitectura colonial que hoy se refleja en algunas pocas casas, y ello se debe a que Santa Marta sufrió un terremoto que destruyó la mayor parte de esa arquitectura.

Sin embargo, a pesar de padecer de tantas calamidades, la ciudad ha continuado su historia desde su fundación y hay relatos dignos de rescatar, así se lo expresé a los escritora y periodista Loor Naissir, en una charla que tuvimos sobre la historia de Santa Marta, y que ella publicó en uno de sus libros de esta manera:


 "Entre el mar y la esperanza

Hay conversaciones que llegan sin avisar. Uno cree que hablará de un tema y termina descubriendo otro completamente distinto.

Así me ocurrió con Jorge Abello, abogado penalista y también escritor.

Mientras conversábamos, dejó a un lado los códigos y las leyes para hablarme de la historia de Santa Marta, contada por él en su próximo libro, pero a manera de comedia.

—¿Sabías que la ciudad fue incendiada varias veces? —me dijo.

A diferencia de Cartagena, me explicó que gran parte de su historia tuvo que reconstruirse gracias a las cartas que los conquistadores enviaban a España. Lo que el fuego destruyó en América quedó escrito al otro lado del océano.

Piratas franceses, ingleses y holandeses la atacaron una y otra vez. Hubo saqueos, incendios, torturas y miedo. Muchas familias abandonaron la ciudad buscando refugio en Cartagena, Mompox y Ocaña. De aquella primera Santa Marta apenas quedaron vestigios. Fue incendiada más de veinte veces hasta finales del siglo XVII.

Aquella conversación me dejó pensando. Una ciudad puede perder sus murallas, sus construcciones, sus archivos y hasta sus recuerdos materiales, pero mientras alguien conserve la memoria, su historia nunca desaparece.

Después de la charla comprendí que este capítulo también debía hacer parte de estas páginas escritas para la Virgen.

Jorge también me regaló una de esas historias que parecen inventadas, pero que hacen parte del alma de Santa Marta. 

Aparecen en el libro Piratas en Santa Marta, de Arturo Bermúdez Bermúdez.

Me contó, entre risas, que muchas veces a los soldados encargados de defender la ciudad no les pagaban el sueldo. Sin dinero y cansados de esperar, algunos terminaban haciendo lo impensable: sacaban la pólvora de los cañones y de los arcabuces para venderla. Después, para que nadie descubriera el robo, llenaban las armas con arena de la playa.

El engaño funcionaba... hasta que aparecían los piratas.

Cuando llegaba el momento de defender la ciudad y los soldados intentaban disparar, los cañones respondían con un silencio vergonzoso. En lugar de pólvora, solo tenían arena del mar.

Así era muy difícil proteger a Santa Marta.

También me relató que cuando el temido pirata Francis Drake cayó sobre Santa Marta, el pánico se apoderó de la ciudad. Antes de que los invasores llegaran al templo, un grupo de samarios tomó la imagen de la Virgen y huyó hacia el monte. No podían permitir que fuera profanada.

La persecución fue tan intensa que, al sentir a los piratas cada vez más cerca, se vieron obligados a dejar la imagen al pie de un frondoso árbol de mamón. Escaparon convencidos de que la Virgen correría la misma suerte que la ciudad: el saqueo y la destrucción.

Pero ocurrió algo que la memoria popular convirtió en milagro.

Cuando regresaron, una vez pasado el peligro, encontraron la imagen completamente intacta. Nadie la había tocado. La tradición cuenta que el viejo árbol de mamón abrió sus ramas como si fueran un manto y escondió a la Virgen de los ojos de los piratas.

Desde entonces, aquel lugar quedó envuelto en un halo de devoción. La Virgen pasó a ser vista como la protectora de los samarios, y durante generaciones hombres, mujeres y niños acudieron a pedirle amparo en tiempos de guerra, enfermedad y dificultades.

Hay historias que no pueden demostrarse con documentos, pero sobreviven porque un pueblo decide creerlas. Y esta, desde hace siglos, es una de las leyendas más entrañables de Santa Marta.

Entonces comencé a buscar más información sobre la historia de la Virgen de Santa Marta.

Los registros históricos cuentan que el conquistador Rodrigo de Bastidas fundó la ciudad el 29 de julio de 1525. Ese día, el calendario litúrgico celebra a Santa Marta de Betania, hermana de Lázaro y María. Por esa coincidencia, la nueva ciudad recibió su nombre.

Con el paso del tiempo, la fe del pueblo también fue tejiendo una profunda devoción mariana alrededor de una imagen venerada por generaciones de samarios.

La tradición cuenta que, en los primeros años de la Conquista, cuando el mar Caribe era la puerta de entrada a un mundo desconocido, un grupo de indígenas encontró una imagen de la Virgen María en las cercanías de las playas y las islas próximas a la antigua provincia de Santa Marta. Nadie supo explicar cómo había llegado hasta allí. Para unos fueron las corrientes marinas; para otros, un regalo del cielo. Lo cierto es que, desde aquel día, la imagen comenzó a despertar una devoción que ha sobrevivido al paso de los siglos.

La pequeña talla fue acogida con reverencia por los habitantes de la región. Pronto comenzaron a circular relatos de favores recibidos, enfermedades superadas, tormentas evitadas y familias reconciliadas gracias a su intercesión. Cada milagro encontraba un nuevo testigo, y cada testigo añadía un nuevo eslabón a una cadena de fe que nunca dejó de crecer.

La Virgen se convirtió en mucho más que una imagen religiosa. Fue el consuelo de los pescadores que salían al mar, de las madres que esperaban el regreso de sus hijos y de quienes, en medio de las dificultades, encontraban en la oración la fuerza para seguir adelante.

La tradición conserva también uno de los episodios más conmovedores de esta devoción. A finales del siglo XVIII, cuando una epidemia azotó la ciudad, sus habitantes acudieron desesperados a implorar su protección. La leyenda narra que la Virgen tomó la apariencia de una mujer de piel negra que recorrió las calles llevando alivio a los enfermos. Desde entonces muchos comenzaron a llamarla, con inmenso cariño, La Negrita.

Desde entonces, innumerables creyentes le han pedido salud, justicia, trabajo, unión familiar y fortaleza para afrontar los momentos más difíciles.

Mientras escribía estas líneas comprendí que el fuego consumió casas, templos y documentos, pero nunca logró consumir la fe de los samarios.

Y entonces entendí algo que nunca había pensado.

Los samarios llevan el nombre de Santa Marta en la voz todos los días. Quizá no necesiten pronunciar largas oraciones para recordarla. Cada vez que dicen el nombre de su ciudad, también evocan la fe que ha acompañado a generaciones enteras.

Quizá por eso sienten que nunca caminan solos." (Tomado del libro ‘Rosarios en voz baja’ de la periodista y escritora Loor Naissir)

HISTORIAS CONTADAS DE SANTA MARTA

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